sábado, 3 de julio de 2021

Folklore, cultura, arte y el papel del artista en el ámbito universitario

 


1.5. Folklore, cultura, arte y el papel del artista en el ámbito universitario

 

Renato Bullón Velásquez[1]

 

Algunos alcances sobre el folklore

En la década del 60 José María Arguedas, uno de los amautas peruanos y maestro popular, escribió un artículo sobre el folklore para esclarecer lo que muchos equivocadamente entendían por esta palabra, así, aclaró las degeneraciones que al respecto aparecían sobre el carácter de las tradiciones y costumbres, propias de la creación popular. Dichas degeneraciones se atrevían a catalogar a cualquier elemento, creado de manera vulgar, equivocada y bajo parámetros inaceptables como folklore, también catalogaba de esta misma manera a la creación moderna que adoptaba algunos elementos mal entendidos como tradicionales. No puede considerarse a algo actual como tradicional, la creación moderna por más que trate de asemejarse a la creación de antaño, a la creación añeja, a aquella que ha tomado vigor durante siglos no tiene punto de comparación debido a que han sido generados en contextos totalmente distintos y tienen por ende una connotación política e ideológica claramente diferenciadas, las cuales han permitido la sobrevivencia en el tiempo de determinadas ideas, parámetros, objetivos, formas y estilos de vida, lenguaje, cosmovisión, etc. Pero las otras, la creación moderna –valiosa o  no– no necesariamente resistirá el devenir histórico y con el pasar de los años tiende a desaparecer. Ademas, el folklore es aquel conocimiento tradicional no científico que se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días.

El folklore ha sido definido como el saber tradicional de las clases populares desde inicios del siglo pasado. Sin embargo, con el desarrollo de la antropología y la etnología se hizo necesaria la aclaración de lo que es folklore. En este sentido José María Arguedas nos menciona lo siguiente:

 “El folklore estudia, de modo general, las artes tradicionales de cualquier pueblo; y muy particularmente, sus cuentos, leyendas, danzas y canciones” (Arguedas José María 1988: 81).

Y continúa diciendo:

“…el folklore, como ciencia, no se puede aprender sino en las universidades e institutos especiales, mientras que la sabiduría folklórica no puede aprenderse sino tradicionalmente; de viva voz, “por boca”, por explicación oral, por imitación. El folklore es el arte del pueblo. El folklore, asi con mayúscula, es la ciencia que estudia ese arte popular” (Arguedas José María 1988: 83)

Así, podemos inferir, desde la opinión de José María Arguedas, dos acepciones acerca del folklore: Una, la ciencia y la otra, los saberes no científicos de carácter artístico – cultural. Asimismo, como nos dice el amauta, el folklore nos permite tener mayor y mejor claridad acerca de la existencia de nuestro pueblo evitando un “análisis frio y simplemente técnico”. Además, es un “elemento valiosísimo para el conocimiento de la historia social de nuestro pueblo y de su realidad social contemporánea” (Arguedas José María 1988: 83). Asi, notamos la importancia del termino y del conocimiento del mismo. Sin embargo, notaremos que hablar de las artes tradicionales implica hablar de tradición.

El profesor Efraín Morote Best también concibe al folklore en sus dos acepciones antes planteadas por José María Arguedas. Como ciencia y como conocimiento tradicional. Veamos.

“…el folklore es un sector específico de las ciencias histórico – sociales que busca determinar las leyes del surgimiento, desarrollo y extinción de las tradiciones populares” (Morote Efraín 1990)

El profesor ayacuchano muestra una importante atención a los conceptos de tradición y pueblo para poder definir tradición popular. Reconoce, en primer lugar, que el hombre es una suerte de contradicciones y se desenvuelve junto con estas de manera inminente e inevitable, como todo, se disputa entre lo nuevo y lo viejo. Lucha por la adquisición y desarrollo de lo nuevo y desecho o conservación de lo viejo. Así, para el profesor la tradición es producto de este escenario histórico complejo y contradictorio. Veamos:

“La tradición no viene a ser otra cosa que el producto de tales contradicciones; el remanente de un proceso en el que, por causas determinables – si no ya no determinadas –, algo viejo mereció conservarse, mientras otro algo se desechaba y otro algo se adquiría” (Morote Efraín 1990).

Podríamos percibir en ambos autores algunas diferencias. Mientras el primero habla de arte tradicional popular, el segundo, menciona la tradición popular. Sin embargo, debemos notar que no existe una contradicción entre lo planteado por ambos intelectuales, por lo contrario, existe una concatenación de sus términos debido a que la tradición popular se ha mantenido y sostenido en gran medida por medio de las actividades artístico culturales que corresponden a las definiciones de ambos intelectuales y que permiten comprender la función del folklore como ciencia y como saber popular tradicional.

Además, es necesario comprender el contexto de cada uno de los autores citados. Para los años 60 José María Arguedas fue un pionero en los estudios acerca del folklore y de la profundización de este, por ende, los aportes que dió al respecto han sido de suma importancia. En el contexto de Efraín Morote Best existían mejores condiciones para comprender el folklore debido a que ya había avances sobre el tema lo cual le permitió su mayor profundización y entendimiento (esto no quita para nada que el antropólogo –el profesor Efraín– ha sido un esforzado investigador de esta rama del conocimiento, por lo contrario, ha sido una de las mentes que mejor a sistematizado lo que es el folklore).

 

El folklore, la cultura popular y el arte

 

José María Arguedas nos dice:

como la palabra folklore es usada por mucha gente… hemos pensado que conviene ofrecer en unos breves artículos el significado de este vocablo, creemos que con estas informaciones el público podrá juzgar mejor la música, los bailes y otras manifestaciones artísticas populares que se les ofrecen como folklóricas” (Arguedas José María 1988: 81).

Hay tres cosas que diferenciar en los planteamientos de José María Arguedas. Primero, que él no desdeña la creación moderna, actual, presente, siempre y cuando esta se encuentre en uno de sus desarrollos más altos y no sea una mera copia, una degeneración artística o una vil patraña. Segundo, pide y exige no confundir esta creación presente con la tradición que se ha mantenido por años y siglos y que ha permitido conocer y comprender, en su esencia, el fondo de la psicología y la visión popular que en términos políticos es un objetivo de vida, una noción de futuro. Tercero, Arguedas también menciona, como de suma importancia, la necesidad de entender al folklore, vale decir como el conjunto de relaciones sociales que han perdurado en el tiempo y como la ciencia que estudia estas formas de existencia tradicionales.

En la actualidad se profundiza poco sobre la tradición popular. Por parte de intelectuales y artistas existe poco interés por conocer las características y raíces sociales, económicas y políticas del término y de las formas en que se manifiesta (claro está que existen claras excepciones). No existe una preocupación por los sucesos que los motivaron a existir por el contexto en el que sus creadores, con sufrimiento o no, los realizaron.

Así, el folklore es parte de un bagaje cultural construido en un largo, tedioso y contradictorio proceso de gesta, pero lo tradicional no tiene un carácter moderno, corresponde a un proceso distinto, a un proceso anterior. ¿Cómo podemos juzgar a las expresiones artísticas actuales, las formas de organización popular modernas, entre otros tantos elementos que corresponden a sentimientos y acontecimientos contemporáneos? La cultura es, en términos generales, el conjunto de valores o la forma de vida que adopta una determinada sociedad en un determinado momento histórico. Pero en una sociedad que se encuentra dividida en clases sociales solo encontraremos valores o formas de vida que correspondan a estas clases sociales. La lucha de clases no es un designio caprichoso, es por el contrario una realidad objetiva. Existe la cultura de las clases dominantes que oprime, embrutece, degenera y aliena y la cultura de las clases dominadas que resiste, concientiza, crea y promueve el desarrollo. Vemos, por ejemplo, que la alienación consiste “en que el ser humano pierde… o carece de la conciencia necesaria para explicarse científicamente la problemática religiosa, moral, artística, política, jurídica, educativa, natural, social y filosófica” (Lora Cam José 1975: 108); así, notamos desde ya, las características propias del carácter que tiene la cultura dominante.

El filósofo liberal Stuart Mill nos dice: “en el lugar que exista una clase dominante, la moral pública derivara de los intereses de esa clase, así como de sus sentimientos de superioridad” (Mill Stuart 2011: 20). La cultura dominante corresponderá siempre a la clase social que tenga el poder, en función de sus ideales e intereses, adoptará formas y matices diversos, pero tendrá la misma esencia.

La cultura de los sectores dominados es la cultura del pueblo, de ese conjunto de clases sociales que se encuentran en una situación de desventaja económica, social y política debido a que no son dueñas de los medios de producción o en el mejor de los casos los medios de producción que poseen no son útiles para su desarrollo económico social. En ese sentido podemos catalogar a este tipo de cultura como cultura popular, la cual se caracteriza por “el conjunto de valores más o menos democráticas y socialistas de las masas explotadas y oprimidas en contraposición con la cultura burguesa (o en nuestro caso, feudal-burguesa) dominante, que busca la perpetuación de sus ventajas basadas en la injusticia social y que con tal propósito, utiliza, con idéntico denuedo, el pupitre o la cátedra, la tribuna o el confesionario, el pulpito o el libro, el periódico o la televisión, el soborno o el asesinato” (Morote Best Efraín 1987).

Pero, ¿existe una relación entre el folklore y la cultura popular? Si, el folklore, como tradición popular, es decir, como las formas de existencia generadas por los sectores populares en tiempos pasados y que se mantienen hasta la actualidad, es la base de la cultura popular. La cultura popular adopta los elementos democráticos del folklore, contextualizándolos en un momento histórico planteándolos en contraposición a los valores antidemocráticos que evitan el desarrollo de los sectores populares. En ese sentido, pueden existir diversas expresiones artísticas (el arte es parte intrínseca de la cultura) que al adoptar una posición a favor de los sectores populares, es arte popular. La única diferenciación al respecto de este es advertir si es un arte tradicional o un arte contemporáneo, pero todo arte contemporáneo tiene -como ya lo hemos señalado- su base en el arte tradicional.

El arte popular es, en estricto, un arte con nuevo contenido, un arte que promueve conciencia acerca de la realidad, que difunde la problemática social, que busca inquietar el espíritu individual para que busque y luche por el progreso colectivo. Mariátegui nos menciona: “ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también” (Mariátegui José 1959:18).

Pero el arte tiene un ejecutor: el artista. Este no deja de ser un elemento dinámico en la sociedad, por ende cumple un papel importante ya que es una de las esferas sociales de vital importancia para el hombre. El artista no deja de ser un intelectual y un trabajador, que por el papel que cumple debe comprender la realidad, estar en ella e interpretarla, para luego darla a conocer mediante la expresión artística que este desarrolle. El arte popular refleja la realidad desde la capacidad y condición del artista en beneficio de los sectores vulnerados, induciéndolos a organizarse y a fortalecer esta organización. Pero el artista está condicionado por su medio social y por las decisiones que tome en este, por ejemplo: “Rafael, como todo artista, ha sido condicionado por los progresos técnicos del arte, llevados a cabo antes de él, por la organización de la sociedad y de la decisión del trabajo en su país, y finalmente por la división del trabajo en todos los países con los que el suyo estaba en relaciones” (Marx y Engels 1946: 65).

El artista popular, por ende, no debe ser ajeno a esta organización o las luchas que estos sectores populares emprenden; para comprender la realidad, el artista debe estar inmiscuido en ella.

 

El papel del artista en la universidad

La universidad cumple la función de ser difusora de la cultura y promotora del desarrollo social y nacional, canaliza el conocimiento científico y enarbola principios como la libertad de expresión y de pensamiento, la autonomía universitaria y el cogobierno, que son conocidos desde la reforma de Córdova y que progresivamente se han elevado mediante procesos de luchas que en la década del 60 y 70 del siglo pasado han tenido sus más grandes avances al luchar por la gratuidad de la enseñanza como parte del derecho a la educación. La universidad, en ese sentido debe ser nacional, científica y democrática.

La universidad tiene un carácter democrático burgués; esta, como parte de la educación, en la actualidad pasa por un proceso de privatización y de elitización, no se apertura a las clases populares, por lo contrario, existen sectores docentes antiestudiantiles (los cuales responden a intereses de sectores dominantes fuera de la universidad) que se coluden y pugnan el control de la universidad pública y son fieles aplicadores de las políticas estatales. Vemos, por ejemplo, la nueva ley universitaria de carácter privatista y corporativa que se ha implementado en la universidad y que es dañino para los intereses populares.

¿Qué debe hacer el artista en la universidad? En primer lugar, el artista o trabajador del arte debe ser consciente de la realidad conflictiva en la que vive y tiene que sentar posición. Además, debe entender que él es un estudiante como todos los demás y que forma parte del movimiento estudiantil. Cumple, por ende, una dinámica de estudiante – artista y ha de esforzarse en el trabajo que realice para cumplir con dicha dinámica como tal.  Dada esta condición podemos plantear lo siguiente:

1.       El artista popular que es parte del movimiento estudiantil debe establecer su posición al lado de las luchas estudiantiles y de lo que ello implique. En la etapa actual el movimiento estudiantil se encuentra en proceso de articulación y fortalecimiento, no obstante, aún es débil. El artista (estudiante - artista) debe ser consciente de la realidad que lo rodea y por ende de la situación del movimiento estudiantil y su papel debe estar en función de la difusión de estas problemáticas mediante las expresiones artísticas que desarrolle, dando propuestas, buscando promover la participación y el respaldo de las bases estudiantiles. Al respecto, César Vallejo nos dice: “el espíritu revolucionario congénito del artista no puede eludir, como esencia temática de sus creaciones, los problemas sociales, políticos y económicos… la sensibilidad del artista, sensible por excelencia y por propia definición, no puede sustraerse a ellos” (Vallejo César 1973: 122).

2.       Debe promover los principios clasistas y los principios de la universidad pública, tales como la unidad en base a la lucha, la crítica y autocrítica, la independencia de los estudiantes, la autonomía universitaria, el cogobierno, la libertad de expresión y de pensamiento, la defensa y conquista de derechos y la vinculación de la universidad con el pueblo.  El maestro Luis G. Lumbreras aporta: “bien hará la universidad en abandonar institucionalmente los claustros y ligar su actividad con las masas” (Lumbreras Luis 2014: 17).

3.       El artista, como estudiante y como ser consciente de la problemática universitaria, no niega su rol de movilizador y organizador, debe promover el fortalecimiento del movimiento cultural universitario que pueda tener una respuesta contundente ante la arremetida de los valores o planteamientos que atente contra la organización estudiantil y popular. Veamos: “el arte no es un fin en sí mismo. Cuando la vida es poderosa no convierte al arte en un ídolo si no en un arma para sí, para su crecimiento y desarrollo” (Lunacharski Anatoli 1968: 83).  En ese sentido, el arte es un medio y no un fin en sí mismo. Como medio debe servir para generar y fortalecer las formas de organización más elevadas.

4.       Debe luchar contra las formas artísticas y culturales que imperan en el ámbito universitario y extrauniversitario que no corresponden a los valores culturales del pueblo. “la mayor influencia de los modelos culturales y valores morales proviene de los centros imperialistas, cuyo camino de penetración comienza por la burguesía nativa, traspasa las capas medias y con frecuencia, llega hasta las capas populares” (Domínguez José 2007: 25). Lo anteriormente citado puede aplicarse muy bien en lo referente al arte, es necesario enarbolar la defensa del arte popular y de los elementos democráticos, las ansias de progreso y los valores morales de los sectores populares.

5.       Al ser un país retrasado económica y socialmente, subordinado a las potencias extranjeras, es necesario que se eleven consignas nacionales y antiimperialistas. En el plano artístico esto implica revalorar, defender, reivindicar y desarrollar la cultura nacional, conociéndola, difundiéndola, y dotándole de elementos que puedan contribuir en el proceso de concientización. Asimismo, es necesario “conocer las tradiciones populares de la costa, sierra y selva, fundamentalmente de las clases populares del Perú y del mundo” (Acevedo David 2015: 12). Esta premisa es indispensable para no caer en un chovinismo insensato que políticamente hablado es sectarismo. El artista debe tomar los elementos folklóricos como base de su trabajo para contribuir al desarrollo nacional y que no excluya a otras expresiones que bien podrían ser útiles para un trabajo popular, tanto dentro como fuera de la universidad.

 

Hasta aquí se han dado algunos alcances generales del folklore, la cultura popular, el arte, el artista y el papel que este cumple en el ámbito universitario para aporte al movimiento popular mediante el movimiento universitario en general y del movimiento estudiantil en específico.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ESTUDIOS

Arguedas Altamirano, José María                     Breve antología didáctica, Lima 1988.

Carlos Marx y Federico Engels                        Sobre la literatura y el arte, La Plata 1946.

Izúa Domínguez, José                                      Arte y cultura: raíces nacionales y asimilaciones, Lima 2007.

Lora Cam, José f. w.                                        El marxismo – leninismo – maoísmo, Lima 1975.

Lunacharski, Anatoli Vasilievich                      Las artes plásticas y la política en la Rusia revolucionaria, Barcelona 1969.

Mariátegui, José Carlos                                   El artista y la época, Lima 1959.

Morote Best, Efraín                                         Pueblo y universidad, Lima 1990.

Mill, Stuart                                                      Ensayo sobre la libertad, Barcelona 2011.

Vallejo, César Abraham                                   El arte y la revolución, Lima 1973.

 

REVISTAS Y ENTREVISTAS

Acevedo David                                               La cultura y el papel del artista en la universidad. En: resplandores (Lima) nº 12. 2015.

Lumbreras, Luis Guillermo                              Cultura popular, modernidad y universidad. En: revista peruana del pensamiento marxista (Lima) nº 2. 2014.

Morote Best, Efraín                                         Cultura popular, cultura andina y tradiciones populares. En: cambio (Lima) s/n 1987.

 

 


 



[1] Trabajador social por la UNMSM.

viernes, 12 de marzo de 2021

DIFERENCIAS ENTRE ARTE Y PINTURA


 

La diferencia entre un pintor y un Artista, radica en que el pintor pinta

para vender y el Artista, vende lo que pinta.”

- Picasso –

 

En el campo de las Artes Plásticas hay una gran confusión o equívoco sobre lo que es Arte y lo que es pintura. Se suele llamar Arte a toda pintura bien realizada, y Artista, a todo aquel que pinte bajo ciertos cánones estéticos. Toda pintura bien realizada no es Arte, como tampoco todo pintor es necesariamente un Artista. La repuesta del genial malagueño (del epígrafe) es clara y contundente, al definir la marcada diferencia que existe entre pintura y Arte, y sobretodo, entre pintor y Artista. Tema poco entendido en nuestro medio, cuya finalidad tiene que ver con los grandes intereses económicos y políticos que rigen el mundo; intereses ajenos a los de la gran mayoría de ciudadanos. Por otro lado, el Arte es una gran herramienta cultural y social que crea conciencia, despierta inteligencias y eleva ideales que ayudan a la transformación del hombre y de su destino. “Es un arma mortal contra el enemigo” acota Picasso. A través de la historia, los grandes y verdaderos Artistas han demostrado su gran preocupación por el hombre y su entorno social, evidenciaron que la esencia del Arte es completamente humana, y que el sentimiento, la pasión van de la mano con la verdad y la belleza; y éstas con el más alto grado de ejecución estética posible. Además, que el contenido y la forma crean una unidad indisoluble y justa, germen de toda gran obra.

Muchos de estos grandes Artistas pagaron un altísimo precio por esta sublime entrega, pagaron con sangre, sudor e inclusive con su vida el atreverse a dejarnos el fruto más sagrado de su sensibilidad e interioridad. Muchos fueron también los que vivieron y murieron con la pobreza y el olvido de sobremesa: Whitman, Poe, Vallejo, Van Gogh, Rembrandt, Modiglianni, Kathe kollwitz, etc, etc, son algunos ejemplos feacientes. Pero, sobreponiéndose a todo drama personal emergieron con la luz y la esperanza para cumplir a cabalidad con esa sacratísima misión la de entregar un arte humano y verdadero a toda la humanidad, especialmente a los más necesitados.

Por ese enorme poder que concentra el Arte y las fuerzas valorativas de conciencia que despliegan, tratan de castrarlo alejándolo de toda condición humana y sobretodo, arrebatarle y quebrarle su perspectiva histórica y social; deshumanizándolo y convirtiéndolo en un simple objeto mercantil. Muchas de estas pinturas que hoy se motejan de “Arte”, no son más que pinturas primorosamente “bien pintadas”, Elaboradas con el mayor esmero y dedicación para ser vendidas, algunas veces a altísimo precio en el mercado de pinturas o en las grandes y lujosas galerías comerciales. Todas tienen el mismo patrón o parámetro: decorativas, imitativas, repetitivas, a lo sumo demuestran un preciosísimo alarde técnico, un malabarismo estético, frio, como servidas para el gusto burgués, donde la intensidad el espíritu, y la vida, brillan por su ausencia. Triste papel el que desempeñan estas pinturas: el de llenar un espacio o decorar un ambiente. Y quienes los pintan, no carecen de talento, al contrario, algunos son muy talentosos, de ahí que son escogidos por el sistema reinante y dominante para extender su plan de embrutecimiento y desvío social ,contando para ello, con un bien armado aparato de difusión y promoción para estas pinturas: ”críticos de Arte”, curadores, marchands ( comerciantes de pinturas), periodistas, galerías, etc. para brindar todo tipo de proyección a sus pintores y una vida halagada y placentera, ajena a toda realidad nacional y mundial, todo a cambio de un dulce y dorado vasallaje

Otro rasgo visible en estos pintores es la de imitar estilos foráneos, ajenos a nuestra identidad. Poco o nada hay en sus pinturas que identifique a nuestro país (como siempre lo han hecho y siguen haciendo pintores de todo el mundo) hay algunos que apuestan hacia una reminiscencia inca o precolombina, nada realista, nada actual, todo difuso, abstracto. Y, ¿qué hay de nuestros hombres, mujeres, niños, ancianos que habitan nuestros pueblos? Simplemente no existen, están ignorados, invisibilizados. ¿Qué hay de sus sueños, de sus anhelos, de sus luchas? ¡Nada! Igual sucede con nuestros “Artistas” de la hermosa y cautivante región selvática, tan rica y maravillosa en humanidad. La gran mayoría pinta lo exótico, los mitos y leyendas, poblados de árboles, serpientes, jaguares, aves, etc., hombres con rasgos europeos, mujeres como misses exuberantes y sensuales, todo listo para la venta, el mercado, el aplauso, la vanidad. ¿Y, en dónde están los pobladores, las comunidades nativas y los demás habitantes?

He aquí a los “Artistas” y el “Arte” que este sistema coorporativo, consumista, burgués y antinaciolista nos presentta como “Arte auténtico”, siendo solo un “Arte muerto, vacío y ajeno”. En esencia no es más que un “Arte decorativo”.

Lo que se exhibe en las grandes e importantes galerías comerciales y otras instituciones del estado es lo que en Europa se ha dado en llamar HAMPARTE, concepto creado y acuñado por el pintor y docente español Antonio García Villarán, que proviene acertadamente de la unión de las palabras HAMPA+ARTE= HAMPARTE, nada más específico para denominar esta gran estafa de alto nivel institucionalizado en el mundo. Hay silencio casi absoluto, casi todos callan, algunos por complicidad y los demás, simplemente por ignorancia.

El nobel peruano / español Mario Vargas Llosa lo había denunciado clara y abiertamente en una de sus habituales columnas de “Piedra de toque” (1997), reproducido en el Dominical del Comercio (12 de diciembre de 2010), entre otras cosas, ahí habla de lo nefasto y pueril que habían devenido llegado las galerías y con ellas, las llamadas Bienales de Arte, cada vez más insólitas y grotescas. Veamos sus palabras: “…En lo que a mí se refiere, yo advertí que algo andaba podrido en el mundo del Arte…” y continuaba “…El único criterio más o menos generalizado para las Obras de Arte en la actualidad no tiene nada de artístico; es el impuesto por un mercado intervenido y manipulado por mafias de galeristas y marchands (comerciante) y que de ninguna manera revela gustos y sensibilidades estéticos, solo operaciones publicitarias de relaciones públicas y en muchos casos, simples atracos. Hace más o menos un mes visité, por cuarta vez en mi vida (pero ésta será la última) la Bienal de Venecia. Estuve allí un par de horas creo, y al salir advertí que a ni uno solo de todos los cuadros, esculturas y objetos que había visto en la veintena de pabellones que recorrí, le hubiera abierto las puertas de mi casa aunque me lo suplicara de rodillas.” ¿Qué espertento o idiotez habrá visto (en una de las vitrinas de Arte más importante y connotada del mundo) este representante convicto y confeso del neoliberalismo burgués y defensor acérrimo de este nefasto sistema que le produjo tanta rabia y asco? Y ¿Qué esperar de otras galerías del mundo e incluídas las nuestras?

Por otro lado, siguiendo la ruta trazada por el Maestro Sabogal y los Indigenistas, y por algunos Maestros a título personal como Urteaga, Pantigoso, Núñez Ureta, Izquierdo, etc.; un grupo de pintores hemos apostado por un Arte nacional, realista y humano. Un Arte vívido, que refleje ese inmenso y maravilloso mundo que es el pueblo. Un arte sin disfraz ni doblez, limpio, puro y casi virgen. Y, junto a nosotros, nos acompañan un sinnúmero de talentosos y entusiastas jóvenes, todos con fé y esperanzas en un Arte nuevo, vigoroso y verdadero. Todos creemos que el verdadero Arte está en las calles, cerca del corazón del pueblo, que “las manos de un campesino son más hermosas que el Apolo del Belvedere” como nos enseñara el genial Van Gogh. Hacer un Arte que conmueva, que grite, que haga sentir y pensar, con la mayor calidad estética y técnica posible, y que llegue a la mente y corazón de nuestro pueblo, y así cumplir con ese precepto sagrado que nos enseñara el más universal de nuestros poetas, César Vallejo: “Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él.”

Por último, la palabra y el concepto de Arte y Artista en nuestro medio están tan tergiversados y desfigurados, que, por respeto a nuestro grandes y verdaderos Artistas, personalmente, sin pizca de falsa modestia, opté desde un comienzo de mi carrera por el título de pintor, que es el término con que me identifico plenamente.

 

BRUNO PORTUGUEZ NOLASCO

Pintor

Chorrillos, mayo de 2020


Fuente: Revista Inkarri.

martes, 23 de febrero de 2021

Acerca del concepto de educación

 Acerca del concepto de educación[1]

 


Dr. Álvaro Villavicencio Whittembury[2]

 

El concepto de educación y las concepciones del mundo

La educación es un proceso social concreto, porque forma parte de la realidad objetiva, de esa parte que es la sociedad. Que la educación es, pues, consustancial con el hombre. Sostuvimos que ello se demuestra a través del desarrollo histórico, del quehacer histórico de la especie humana, a lo largo de todas las formaciones económico-sociales que el hombre ha creado. De allí que el proceso educativo ocurrió en la sociedad de la comunidad primitiva, y en las sociedades clasistas, feudal y burguesa, anteriores a las presentes, y que ocurre en las sociedades clasistas burguesas, burguesas-imperialistas y socialistas actuales. Que seguirá ocurriendo mientras la especie humana exista en el cosmos.

Trataremos, ahora, de establecer el concepto genérico de educación.

 

1. La educación, formación del hombre de acuerdo con una concepción del mundo

La concepción del mundo es, como se ha expresado ya, un sistema de ideas, conceptos y representaciones sobre la naturaleza, la sociedad y el conocimiento. En su amplio sentido, abarca toda, las concepciones del hombre sobre la realidad en torno: concepciones filosóficas, económicas, político-sociales, científicas particulares, morales, estéticas, etc. En su sentido estricto, medular, abarca los problemas fundamentales de la filosofía: materia y espíritu, desarrollo, conocimiento y sociedad.

Mas, la concepción del mundo (conciencia social, ideología) está determinada por el ser social, refleja el ser social, sin que esto quiera decir que deje de tener influencia sobre él. Si el ser social es clasista, la concepción del mundo adquiere un carácter de clase, e impera, predomina, la concepción del mundo de la clase que se encuentra en el poder. Si el ser social clasista es un ser que contiene relaciones económicas distorsionadas, injustas, de explotación de una mayoría por una minoría explotadora (esclavismo, feudalismo y capitalismo), la concepción del mundo predominante también tendrá carácter distorsionado (consciente o inconscientemente) y será la dominante porque corresponde a esas minorías dominantes. Si el ser social clasista es un ser que contiene relaciones económicas no distorsionadas sino concordantes con el carácter social de la producción, tendientes a eliminar de modo definitivo la explotación del hombre por el hombre (socialismo), la concepción del mundo no será distorsionada, tendrá un carácter científico, será la dominante y se generalizará.

Las clases explotadoras esclavista, feudal y burguesa, por defender sus intereses de clase y por distorsión gnoseológica, deforman la concepción del mundo, la ideología; la clase obrera, en contrarío, no la deforma; la eleva al nivel de ciencia. Por ello, la ideología de la clase obrera, la concepción del mundo de la clase obrera, el marxismo y su núcleo filosófico, el materialismo dialéctico, constituyen actualmente la concepción científica del mundo.

¿Puede vivir un hombre sin una concepción del mundo, pueril, elemental o amplia? Esto sería imposible. El cuerpo humano puede existir, sí, descerebrado, en "estado vegetal". "La concepción del mundo tiene una enorme importancia práctica, pues de ella depende la actitud del hombre frente a la realidad que le rodea y sirve de guía para la acción", expresan Rosental—Iudin (38—75; el subrayado es nuestro).

Si la concepción del mundo, la ideología, es tal que distorsiona, deforma la realidad, el hombre vive, vivirá, pero sus actitudes serán distorsionadas, quiéralo o no. Por el contrario, si la concepción del mundo no distorsiona la realidad, es verdad objetiva, el hombre vive y vivirá en ascendente, pleno, y jamás igualado desarrollo. O el hombre vive orientado por una concepción idealista del mundo en sus diversas y actuales manifestaciones filosóficas, o lo hace con la concepción materialista del mundo en su expresión filosófica actual: el materialismo dialéctico e histórico. No hay términos medios, remitiéndonos al problema fundamental de la filosofía.

Pues bien. No puede haber educación sin un contenido educativo que debe adquirir el sujeto para ser educado. Y ¿qué es, en esencia, el contenido educativo? A la postre no puede ser otra cosa que, total o parcialmente, la concepción del mundo, la conciencia social, la ideología, reflejo del ser social.

En consecuencia, desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico, la educación es, en sentido general, la acción espontánea o sistemática que se ejerce sobre el hombre para ser formado de acuerdo con una concepción del mundo, a fin de que actúe según esa concepción en la formación económico-social a la que pertenece. En formaciones económico-sociales clasistas la educación es clasista y, por tanto, es el proceso sistemático consistente en formar al hombre según la concepción del mundo de la clase que se encuentra en el poder, a fin de que actúe según esa concepción. En formaciones económico-sociales clasistas, las clases dominadas, realizan, también, proceso educativo sistemático, mas no es el imperante.

Es acción espontánea, homogénea, no clasista, porque en la Comunidad Primitiva la influencia era (o es) realizada por la sociedad en su conjunto y por el propio medio ambiente, sin encargarla a ninguna institución específica. Es acción sistemática, especialmente organizada, clasista, porque en las formaciones económico-sociales clasistas (Esclavismo Feudalismo, Capitalismo y Socialismo) surge y se desarrolla vigorosamente un conjunto de instituciones destinado específicamente a educar: la escuela jardines de infancia, escuelas primarias, secundarias y superiores con diversas características y su aparato administrativo, que constituye lo que se denomina "sistema educativo" y que para nosotros es la ESCE en sus varias modalidades; y porque otras instituciones, actividades o procesos sociales, que no forman parte del sistema educativo escolarizado, es decir, no destinados específicamente a educar, realizan una influencia organizada, planificada o permanente sobre el sujeto (partidos políticos, sindicatos, instituciones religiosas, medios de comunicación, centros de trabajo, la calle, el barrio, etc.) que también educa, conformando lo que hemos dado en llamar ESCNE. Y como es acción sistemática clasista, la ejercen las clases sociales, predominando aquella que desarrolla la, clase que domina la formación económico-social.

Es acción espontánea o sistemática que se ejerce sobre el hombre, porque no sólo el niño, el adolescente o el joven son sujetos de la educación. Lo es el hombre maduro y lo es el hombre viejo o el anciano. Es el hombre, en general, el sujeto de la educación. Desde que nace hasta que fenece. Desde que es concebido hasta que muere. Porque la influencia, la acción, espontánea o sistemática (escolarizada o no escolarizada) no se detienen al término de una etapa señalada del ciclo vital del hombre ni es patrimonio exclusivo de los hombres maduros (un bebé puede influir, accionar en un anciano, por ejemplo). Por ello se dice que la educación es permanente.

Esa acción o influencia se ejercen sobre el hombre para ser formado de acuerdo con una concepción del mundo, a fin de que actúe según esa concepción, en la formación económico-social a la que pertenece, porque toda acción o influencia tiene un objetivo, una finalidad, precisa en el caso de la educación: la asimilación de un contenido, denominado "contenido educativo"; y ese contenido educativo que el "educador" (sujeto que ejerce la acción o influencia) debe hacer asimilar al "educando" (sujeto que recibe la acción o influencia) no viene a ser sino, en todo o en parte, un conjunto o sistema de ideas, conceptos o representaciones sobre la naturaleza, la sociedad y el conocimiento, una ideología, para actuar, según ella, como integrante de una formación económico-social no clasista o clasista (comunidad primitiva, esclavista, feudalista, capitalista o socialista); porque gestante, niño, adolescente, joven, adulto o senil, el hombre debe actuar, vivir, desempeñar un papel o un rol, trabajar, dentro de la formación social, no clasista o clasista, a la que pertenece. El trabajo es la expresión máxima de la actuación del hombre, en el entendido de que el concepto de trabajo es relativo a cada concepción del mundo y en cada período histórico.

La actuación, el vivir, el desempeñar un papel específico, el trabajar, suponen, pues, la adquisición de las habilidades o destrezas y actitudes para la vigencia, satisfacción de las necesidades, desarrollo y/o caducidad de la formación económico-social, a nivel de sus fuerzas productivas, de sus relaciones de producción y de su ordenamiento social, político-estatal y de su sistema ideológico, lo cual significa la formación, por ejemplo, de cazadores, agricultores, artesanos, obreros, técnicos, administradores, comerciantes, economistas, relacionistas industriales, abogados, secretarios, periodistas o comunicadores, militares, burócratas o trabajadores del Estado, educadores, artistas, religiosos, científicos, políticos, filósofos, etc.: explotadores y explotados en formaciones económico-sociales cuyas relaciones de producción son de explotación del hombre por el hombre.

La educación es, pues, en sentido general, la formación del hombre de acuerdo con una determinada concepción del mundo, de una determinada ideología: formación, no sólo como proceso (acción espontánea o sistemática) sino también como punto de llegada, meta, objetivo o finalidad (adquisición de una determinada concepción del mundo, ideología, y de las destrezas, habilidades o actitudes concordantes con esa concepción, para actuar, vivir, desempeñar un papel específico, trabajar, en la formación económico-social a la que se pertenece y/o por la que se lucha).

La expresión "En formaciones económico-sociales clasistas la educación es clasista y, por tanto, es el proceso sistemático consistente en formar al hombre según la concepción del mundo de la clase que se encuentra en el poder, a fin de que actúe según esa concepción. En formaciones económico-sociales clasistas, las clases dominadas realizan, también, proceso educativo sistemático, mas no es el imperante", encierra el sentido general del concepto de educación ya analizado, pero lo remite a la situación particular de las formaciones económico-sociales clasistas: deja la acción educativa de ser espontánea, homogénea, como en la Comunidad Primitiva, para convertirse en sistemática, específicamente organizada, discriminada y discriminatoria, según las clases sociales; el contenido educativo que impera para formar hombres que puedan actuar, desempeñar una función, trabajar, de acuerdo con una concepción del mundo, se deriva e impone de la concepción del mundo de la clase que detenta el poder, que domina la sociedad clasista; predomina, entonces, la educación que imparte la clase dominante; y existe, por ende, la educación que organizan las clases dominadas en sus dos formas, ESCE y ESCNE, en diferentes modalidades, pero no impera.

Este concepto de educación tiene una expresión mucho más resumida cuando se dice que la educación es la acción espontánea o sistemática que se ejerce sobre el hombre para que adquiera una concepción del mundo y actúe, desempeñe una función, acorde con esa concepción, como integrante de una formación económico-social determinada.

Ese es en esencia, el concepto de educación, el mismo que hace explícitas sus clases, formas y carácter. Así, podemos referirnos a la educación espontánea de la comunidad primitiva, pasada o actual, y a la educación sistemática clasista, idealista y materialista, del esclavismo, del feudalismo, del capitalismo y del socialismo.

La educación idealista, en sus manifestaciones concretas esclavista, feudal y burguesa, por ser, en esencia, el proceso de adquisición de la concepción del mundo idealista para que los hombres actúen, desempeñe un rol, trabajen, de acuerdo con ella, es una educación que produce hombres de concepción y actitudes distorsionadas, no concordantes con la verdad objetiva, reflejo de la realidad objetiva. Mas, esa concepción del mundo se presenta, contradictoriamente, como la única verdadera cuando, al ser esgrimida y asimilada de modo compulsivo, la utiliza y propaga la clase poseedora, minoritaria y dominante en el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo. Esto explica que, para la burguesía dominante, por ejemplo, la única y verdadera educación sea la correspondiente a la concepción idealista del mundo actual en sus diversas manifestaciones filosóficas; y que se tome en extrema consideración las reformas burguesas de la educación para ponerles la etiqueta de "nueva educación", tanto en sus expresiones metodológicas cuanto en las doctrinarias.

La educación materialista, manifestada de modo concreto en los países auténticamente socialistas del mundo actual, por ser, en esencia, la acción que se ejerce sobre los hombres para que adquieran la concepción materialista del mundo cuya médula es el materialismo dialéctico e histórico y actúen, cumplan una función, trabajen de acuerdo a ella, es una educación que produce hombres de concepción y actitudes no distorsionadas, concordantes con la verdad objetiva, reflejo de la realidad objetiva. Esta, sí, es la verdadera nueva educación. Al producir los hombres dentro de una sociedad cuya base o estructura económica (relaciones de producción) va eliminando, hasta hacerla nula, la propiedad privada de los medios de producción y al asimilar, mediante el proceso educativo, la concepción materialista, científica, del mundo, asistimos, sí, al surgimiento de hombres formados de modo armónico, integral, completo.

 

 

Biografía

 

Dr. Álvaro Villavicencio Whittembury

 

Doctor en Educación, profesor emérito de la Universidad Nacional “Enrique Guzmán y Valle” (La Cantuta) y de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, instituciones donde trabajó como docente en el campo de la educación y dirigió centros de formación de Maestros, incluidos los correspondientes a la práctica profesional. Ha sido director de la Escuela de Posgrado y Rector (A.I.) de la Universidad "La Cantuta".

En 1954 se inició como docente en la Escuela Nº 111 de Cajabamba, su tierra natal. En 1966 fue profesor del Instituto Experimental de Educación Nº 6 de Lima y de la Universidad Peruana de Ciencias y Tecnología, hoy Universidad Particular Ricardo Palma.

Ha viajado a Puerto Rico y Estados Unidos de Norteamérica (USA) para perfeccionarse en educación (1955-1956); a México y USA para investigar asuntos educacionales (1985, 1996, 1997, 1999 y 2000); a la República Popular China como periodista e investigador de la educación (1979-1980); y a Italia para intervenir en jornadas sobre derechos humanos, invitado por Amnistía Internacional (1996).

Colabora como periodista eventual en diarios y revistas especializadas de Lima.

Entre otros textos, ha publicado los siguientes: "El esquema de aprendizaje"  (1962), "Acerca del concepto de educación"  (1978), "Apuntes y transcripciones para una historia y  filosofía de la educación"  (1983), “El régimen de créditos” (Revista de la UNE, 1967), “El perfil profesional y el plan curricular” (Revista de la UNE, 1982), "Educación, ideas básicas" (2001), y “Teoría General de la Educación”, (2010).

 Actualmente vive en Villa Toledo (Colca), Cieneguilla, Lima- Perú.

 

 



[1] Álvaro Villavicencio, Acerca del Concepto de Educación (Cuestiones fundamentales de la Pedagogía) Pág. 86. Editorial Los Kantus. 1978.

[2] Ex catedrático de la UNE.

domingo, 7 de febrero de 2021

Entrevista a Efraín Morote Best

Entrevista a Efraín Morote Best[1]

Cultura popular, cultura andina y tradiciones populares



 

Por Alejandro Melgar

 

Dr. Morote, ¿Cuáles son las diferencias que hay entre folklore, cultura popular y cultura andina?

Ud. me habla de tres categorías distintas y vinculadas, ninguna de ellas unívoca. El término folklore expresa dos conceptos básicos diferentes y complementarios. De un lado, designa el conjunto de valores espirituales y materiales fruto de la vicisitud histórica del Pueblo; del Pueblo con mayúscula, es decir, de la clase social productora y despojada; de otro lado, nombra a la ciencia histórico-social específica que trata de determinar las leyes de surgimiento, desarrollo y extinción de esos valores espirituales y materiales, real o aparentemente fiadores de la existencia humana, pero, en todo caso integrantes de aquel patrimonio histórico-social conocido también con el nombre de tradiciones populares.

Al decir "dos conceptos básicos", estoy advirtiendo que hay otras significaciones. Cierto sector social, por ejemplo, utiliza el vocablo folklore o su derivado: folklórico para señalar lo ridículo, lo grotesco, lo tosco, y deslucido en la conducta, el lenguaje y hasta la apariencia exterior de individuos de su propia camada. Aquí, en el fondo, se trata de un giro especial en el modo de hablar (y, desde luego, de pensar) de ese vulgo pequeño burgués cuasialfabeto o parailustrado que disfraza su miedo al Pueblo, con la burla y el menosprecio. Es un asunto de mentalidad de clase, de clase social.

Cultura Popular, locución que no me es de uso, entiendo que significa el conjunto de valores más o menos democráticas y socialistas de las masas explotadas y oprimidas, en contraposición con la cultura burguesa (o en nuestro caso, feudal-burguesa) dominante, que busca la perpetuación de sus ventajas basadas en la injusticia social y que, con tal propósito, utiliza, con idéntico denuedo, el pupitre o la cátedra, la tribuna o el confesionario, el púlpito o el libro, el periódico o la televisión, el soborno o el asesinato. En este sentido, la expresión cultura popular tiene para mí ciertas connotaciones político-sociales, como el término folklore las suyas estrictamente científicas o zafiamente vulgares.

Cultura andina es, según percibo, una categoría en desarrollo; una categoría instrumental tendente a abstraer lo que de nativo común o compartido hay en lo diverso de los valores espirituales y materiales del área geográfica-histórico-social a la que alude.

Resulta obvio que al transmitirle estas ideas asumo una posición, lo que significa que hay otras que advierten la multivocidad.

 

¿Qué relación halla usted entre folklore y cambio social?

El folklore es una disciplina histórico-proyectiva. Estudia cosas vivas venidas de tiempos muertos, pero las estudia no para regodearse con la contemplación de ellas o con un sistemático examen y quedarse allí, sino para junto con otras disciplinas contribuir al aceleramiento del cambio social.

El cambio, todos lo sabemos, es el salto de una fase de desarrollo social de la sociedad de clases a otra, cualitativamente superior. Este proceso, sometido a leyes, puede adelantarse o retrasarse, pero es necesario, vale decir, ineludible. Se retrasa, por lo común, debido al poco desarrollo de la fuerzas productivas y a la resistencia que opone la clase reaccionaria utilizando mil medios, principalmente los criminales, ya que su aspiración suprema es evitar el paso del poder de sus manos a las del pueblo. Se acelera con el desarrollo de esas fuerzas productivas, con la maduración de la conciencia social, con el agudizamiento de las injustas relaciones de producción, con la adicción de la ferocidad represiva del Estado, en cuyo caso, como es normal que suceda, la lucha de clases deviene en violencia abierta que acaba cabal y definitivamente con la clase explotadora y su enorme maquinaria represiva expresada en las órganos del Estado reaccionario.

Si el folklore es una disciplina histórica-proyectiva que, precisamente, estudia el patrimonio del pueblo, si el cambio social es un paso tajante y necesario de una vieja calidad a otra nueva; si ese tránsito puede adelantarse o retrasarse en su advenimiento y si el sector positivo del patrimonio popular es parte de las armas que el pueblo pone al servicio de su lucha de liberación; si todo esto acontece, como es cierto que es así, el vínculo entre folklore y cambio social se hace muy visible.

El correcto manejo del patrimonio tradicional del pueblo puede contribuir, y contribuye, al aceleramiento del proceso; el incorrecto manejo, a su retraso.

Pero algo más, y muy importante: producido el cambio social, las tradiciones populares purificadas por una concepción científica del mundo, sirven para descubrir y mostrar la genuina identidad nacional; identidad totalmente alejada del nacionalismo chauvinista, patriotero, y siempre tragicómico que la reacción emplea como otra arma de lucha, esta vez para engañar, para confundir.

Nosotros, dije alguna vez, solo podemos ser nosotros mismos; pero también somos la Humanidad; una Humanidad que se enriquecerá con nuestras peculiaridades fuertes, útiles, honradas, hermosas y se deleitará auténticamente con ellas.

 

Usted tiene un trabajo publicado sobre Antropología en el que sostiene la existencia de cinco principios...

Entiendo que se refiere al discurso sobre la Antropología. La primera edición se la hizo en Huamanga, la segunda en Huancayo, en las facultades de ciencias sociales de las universidades respectivas.

Sostengo cinco proposiciones que enuncian otros tantos principios de las ciencias histórico-sociales: los de Unidad, Compromiso, Identificación, Definición y Acción, que, al final, se resumen en una fórmula: Las ciencias sociales son ciencias altamente comprometidas y sus labradores sirven, explícita o implícitamente, las causas del inmovilismo, de la reforma o del cambio, debiendo anotarse que el inmovilismo es una forma de necrofilia con cada vez más escasos adictos y que el reformismo es una costurería remendataria de ineficacia probada. Yo, desde luego, me defino por el cambio. No puede ser de otra manera, si vivo en el país en el que vivo; un país injustamente desdichado, pero en cuyo brillante futuro confío.

 

También tiene otras publicaciones...

Sí; cerca de cien trabajos publicados aquí y allá, con buena fortuna o sin ella. Estos trabajos aparecen en libros, folletos, revistas y alguna enciclopedia. Pero, tal vez, lo que más interesa es lo que hoy se hace que lo que ayer se hizo.

 

¿Qué nos puede decir sobre Ayacucho, nuestra tierra?

Sigo viéndola como una víctima propiciatoria del cambio social en el Perú, en América y en los pueblos pobres del mundo.

 

Algunas palabras finales para la juventud.

... Solo puedo, o, más bien, debo dirigirme a la juventud peruana que, desde el lugar donde se halle, entrega sus energías, y a veces su propia vida, a la lucha por el cambio, que trae la liberación nacional, el progreso social y la paz: que aquilate muy seriamente su enorme tarea, puesto que esa es la única manera de pagar con buena moneda la gran deuda que contrajo al haber nacido ahora, y aquí. Vivimos en un país inverosímil, que merece ser redimido. Que puede ser redimido. Que debe ser redimido. Que, a pesar de todo, será redimido.

 

EFRAÍN MOROTE BEST (1921 – 1991)

Nace en Ayacucho un 8 de julio de 1921, fue un estudioso del folklore peruano. Y reconocido como uno de los precursores de la antropología peruana.

Nació en la ciudad de Huamanga (Ayacucho). Fue su lengua materna el inglés o el francés. Siendo adulto, se trasladó al Cusco para estudiar en la Universidad de San Antonio Abad de dicha ciudad, donde obtuvo los grados académicos de bachiller en Humanidades y de doctor en Historia. Luego estudió Derecho en las Universidades Nacionales de Arequipa y Trujillo.

Entre los cargos que en vida tuvo, podemos mencionar que fue director de la revista Tradición, catedrático de folclore de la Universidad, presidente de la Sociedad Peruana de Folklore, coordinador de las Escuelas Bilingües del Ministerio Pública, Rector de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, personero del Consejo Inter Universitario y luego delegado del CONUP para la reorganización de la Universidad Nacional del Centro del Perú en Huancayo, etc.

Realizó una infatigable labor de investigación folclórica y de rescate de tradiciones populares en muchos puntos del territorio peruano. Como prueba de ello, dejó un valioso registro de publicaciones y trabajos de recolección y análisis. Resulta particularmente encomiable la rigurosidad científica con la que llevó a cabo sus proyectos.

 

Fuente: http://miguel.guzman.free.fr/Runapacha/entrevistamorote.htm

 

DECÍA EL DR. MOROTE QUE A LA UNIVERSIDAD “SE VIENE A ENRIQUECERLA Y NO A ENRIQUECERSE, A PAGAR DEUDAS Y NO A COBRARLAS, A SEMBRAR Y NO A COSECHAR”. JAMÁS DESCUIDÓ LA ENSEÑANZA-APRENDIZAJE EN LAS AULAS UNIVERSITARIAS...

 El Dr. Efraín Morote Best fue ayacuchano, huamanguino de nacimiento, estudió en Ayacucho y en el Cusco, se graduó en las universidades de Cusco, Arequipa y Trujillo, ejerció la docencia por más de treinta años y fue rector de la Universidad San Cristóbal de Huamanga.

Tuvo altos cargos en 28 instituciones académicas de América, Europa y Asia (como presidente honorario, presidente académico de orden, miembro honorario, miembro correspondiente, etc.) y ha dictado cursos y conferencias magistrales en representación del Perú en esos tres continentes.

Vivió una infancia en una época de honda depresión económica; por motivos familiares, tuvo contacto con los campesinos pauperizados, su primera lengua es el quechua y no el español, los campesinos fueron sus primeros maestros. Estuvo influenciado por el Neoindigenismo en el Cusco; orientado básicamente hacia el folklore; por intelectuales de la época como el maestro el Dr. Víctor Navarro del Águila, los incesantes diálogos con él y con sus compañeros del Grupo Guamán Poma, primero, y del Grupo Tradición, después, las ansiosas lecturas de fuentes escritas sobre la historia de América y del mundo; de obras de Filosofía, de Antropología, de Sociología, de Economía y de abundante gama de obras literarias de diversos países y épocas, fue ampliando su visión del mundo. También asumió la cátedra de Folklore en la Universidad San Antonio Abad del Cusco.

EN OTRO MOMENTO LO VEMOS LIGADO ESTRECHAMENTE CON LA ENORME RESPONSABILIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN, EL DESARROLLO, EL FORTALECIMIENTO Y LA DEFENSA DE LA UNIVERSIDAD. Esta tarea no fue nada fácil, pues la Universidad de Huamanga, desde el momento de reiniciar sus funciones académicas, se debatió en una lucha constante por los magros presupuestos asignados por el Estado y la permanente satanización que atentaba contra el funcionamiento de esta Universidad. Durante los diez años insistió duramente a quienes querían servirse de ella y no servirla.

DECÍA EL DR. MOROTE QUE A LA UNIVERSIDAD “SE VIENE A ENRIQUECERLA Y NO A ENRIQUECERSE, A PAGAR DEUDAS Y NO A COBRARLAS, A SEMBRAR Y NO A COSECHAR”. JAMÁS DESCUIDÓ LA ENSEÑANZA-APRENDIZAJE EN LAS AULAS UNIVERSITARIAS.

Tuvo a su cargo, de acuerdo a los planes de estudio, las asignaturas de Folklore, de Metodología y Etnología Amazónica, entre otras. Se pronunció contra la utilización de la cátedra para conseguir posiciones políticas o fortunas personales; en fin, remarco que la Universidad no tiene sentido el “favor”, “el regalo”, la “recomendación”.

APORTES AL FOLKLORE. Su aporte es al conocimiento de la cultura popular, a la historia oral y escrita de nuestros pueblos, así como al desarrollo conceptual de las Ciencias Sociales y en especial del Folklore, donde nos dice: EL FOLKLORE “ES UN SECTOR ESPECÍFICO DE LAS CIENCIAS HISTÓRICO-SOCIALES QUE BUSCA DETERMINAR LAS LEYES DE SURGIMIENTO, DESARROLLO Y EXTINCIÓN DE LAS TRADICIONES POPULARES”.

ES DESTACABLE LOS SEIS PRINCIPIOS QUE RIGEN EN EL CAMPO DE ESTAS CIENCIAS; DEBEN SER ARTICULADAS: EL PRINCIPIO DE UNIDAD, EL PRINCIPIO DE COMPROMISO, EL PRINCIPIO DE CLASE, EL PRINCIPIO DE IDENTIFICACIÓN, EL PRINCIPIO DE DEFINICIÓN Y EL PRINCIPIO DE ACCIÓN. SU PREOCUPACIÓN EN EL FOLKLORE PASÓ POR EL TRABAJO DE REGISTRAR, CLASIFICAR, ANALIZAR, INTERPRETAR, Y GENERALIZAR EXPRESIONES Y ESENCIAS DE LA CULTURA. PARTICIPÓ ACTIVAMENTE EN LOS CONGRESOS DE FOLKLORE.

PRODUCCIÓN INTELECTUAL Fue parte de ese movimiento cultural que surgió en el Cusco en la década del 50 con la revista Tradición, órgano del Grupo Tradición del Perú, la Sociedad peruana de folklore, que edito también su Boletín y después los Archivos Peruanos de Folklore y organizó el Comité Permanente de Conceptualización en Folklore.

Su producción intelectual está en sus obras publicadas y de recopilación: Aldeas Sumergidas, Pueblo y Universidad y El Nakaq.

El Dr. Efraín Morote Best pertenece a la gran familia de los más distinguidos intelectuales del mundo peruano y latinoamericano, como lo son José María Arguedas, Cesar Guardia Mayorga, Josafat Roel Pineda, Luís E. Valcárcel, Juan José Vega, Rodrigo Montoya, Mildred Merino, Manuel Acosta Ojeda y entre otros estudiosos del Folclore. El maestro dejó de pensar el 7 de abril de 1989.

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* Extraído del Libro “Pueblo y Universidad” por Víctor Huaylla Quispe.



[1] El 12 de julio de 1987, el diario "Cambio", en Lima, publicó la entrevista que Alejandro Melgar hiciera al Dr. Efraín Morote Best, y que a continuación extractamos.