viernes, 26 de septiembre de 2025

CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

 CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

 

MILDRED MERINO DE ZELA:

 

1911 Nace el 18 de enero en la ciudad de Andahuaylas, provincia de Andahuaylas, Departamento de Apurímac, Perú. Su padre —Víctor Manuel Arguedas Arellano— es cusqueño y se desempeña como juez itinerante.

 

1914 Muere su madre, Victoria Altamirano Navarro. Pasa al cuidado de su abuela paterna.

 

1915 El padre es nombrado Juez de Primera Instancia en la provincia de Lucanas. Se lleva consigo a Arístides, hermano mayor de José María.

 

1917 El padre se casa en San Juan de Lucanas, con la hacendada Grimanesa Arangoitia Vda. de Pacheco. Arguedas se reúne con su padre y su hermano Arístides en Andahuaylas. Residen en Puquio.

 

1918 Junto a su hermano se traslada al Colegio San Juan, con los hijos de la madrastra. Viven con ella y reciben la visita semanal del padre. Es víctima de maltratos de la madrastra y de su hermanastro Pablo. Los sirvientes quechuas lo protegen y consuelan.

 

1920 Comienza a dominar el castellano como segunda lengua. Por confesión propia se sabe que hasta los 8 años sólo hablaba quechua.

 

1921 Se fuga con Arístides a la hacienda Viseca de sus tíos José Manuel Perea Arellano y Zoyla Peñafiel. Viseca será el escenario de su primer cuento conocido Warma Kuyay y estará presente en posteriores relatos del escritor.

 

1923 Hace un largo viaje a caballo con su padre, de Puquio a Andahuaylas y Ayacucho. Recreará tal viaje en Los Ríos Profundos.

 

1925 Junto a su hermano pasan vacaciones en la hacienda Triunfo de la tía Amalia de Guillén. Allí, lee Los Miserables de Víctor Hugo, libro que le inspira la pasión literaria. Posiblemente, ese mismo año, escribe su primer relato, "Los Gallos", sobre las crueldades de su hermanastro (texto inédito que nunca fue encontrado). Es internado, junto a su hermano, en un colegio de Abancay en el que sufre de angustia por su separación del padre.

 

1926 Él y su hermano se matriculan en el Colegio San Luis Gonzaga de Ica.

 

1927 Su primer amor, una joven llamada Pompeya, lo rechaza por ser "serrano".

 

1928 Arguedas y su padre radican en Huancayo.

 

1929 Se traslada a Yauyos. Prosigue sus estudios secundarios como alumno libre.

 

1930 Concluye la educación secundaria.

 

1931 Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e inicia estudios de Humanidades. Su padre viaja a Puquio para divorciarse de su mujer.

 

1932 Muere su padre. Consigue trabajo como auxiliar de correos.

 

1933 Publica su primer cuento Warma Kuyay (amor de la infancia).

 

1936 Funda la revista estudiantil Palabra, en la Facultad de Letras de San Marcos.

 

1937 Se incorpora al Comité de Amigos para la Defensa de la República Española. Por participar en una protesta estudiantil antifacista fue encarcelado en el penal El Sexto. Pierde su empleo en los correos.

 

1939 Es nombrado profesor de castellano y geografía en un colegio de Sicuani, Cusco. En junio del mismo año, se casa con Celia Bustamante.

 

1940 Participa en el Primer Congreso Indigenista Interamericano, en Pátzcuaro, México.

 

1941 Publica su primera novela Yawar Fiesta.

 

1942 Es profesor de castellano en el Colegio Nacional Alfonso Ugarte.

 

1944 Profesor de castellano en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Según propia confesión, a este año se remonta la dolencia psíquica que le impidió escribir durante cinco años.

 

1946 Se matricula en el Instituto de Etnología de San Marcos. Participa con Allan Holmberg en el proyecto de antropología aplicada de la Hacienda Vicos, con el auspicio de la Universidad de Cornell y el Instituto Indigenista Peruano.

 

1947 Es nombrado Conservador de Folklore del Ministerio de Educación. Es miembro de la comisión que investiga las causas de la huelga en el Colegio Guadalupe.

 

1949 Es despedido como profesor. Este hecho lo sumirá en una honda depresión.

 

1950 Es nombrado Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho de la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural, cargo que cumplirá hasta 1952. Profesor de Etnología en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones. Concluye sus estudio de Antropología en San Marcos, donde fue alumno de Holmberg, Kubler, Muelle y Valcárcel.

 

1951 Es enviado como observador del Perú a la Reunión de expertos en Trabajo Indígena de La Paz. El consulado de Estados Unidos le deniega la visa de ingreso a dicho país. Participa en el Primer Congreso Internacional de Peruanistas.

 

1952 Acompañado de Celia viaja a Jauja y Concepción, Junín, para recoger tradición oral andina.

 

1953 Gana el Concurso Latinoamericano de Cuento (México) con La Muerte de los Hermanos Arango. Es nombrado jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana. Funda la revista Folklore Americano. Viaja por primera vez a Chile comisionado por el Ministerio de Educación para asistir a la Primera Semana del Folklore Americano. En Santiago conoce —según testimonio de su carta del 07.05.62 dirigida a la Dra. Hoffman— a la mujer que amaría en 1962, Beatriz.

 

1956 El General Odría lo nombra Director de Cultura; no acepta el puesto. Descubre en Puquio, con Josafat Roel Pineda, varias versiones del mito Inkarrí.

 

1957 Se recibe de Bachiller en Etnología por San Marcos. Conoce a su hermana paterna Nelly Arguedas Ramírez de Carvajal, en Lima.

 

1958 Entre enero y julio, junto a Celia, reside en España becado por la UNESCO para preparar su tesis doctoral sobre las comunidades de Castilla. Viaja por Italia con Emilio Westphalen. Visita París. La editorial Losada de Bs. As. publica su novela Los Ríos Profundos.

 

1959 Se inicia como profesor de etnología en Universidad de San Marcos. Recibe el Premio Nacional de Fomento a la Cultura "Ricardo Palma", por su novela Los Ríos Profundos.

 

1960 Participa en el Tercer Festival del Libro Americano, en Buenos Aires.

 

1961 La Organización de Estados Americanos (OEA) lo beca para viajar a Guatemala y hacer investigaciones sobre el arte popular. Publica su novela El Sexto.

 

1962 Enseña quechua en la Universidad Agraria de La Molina. Publica por primera vez un poema en quechua El Himno a Tupac Amaru. En setiembre viaja a Berlín oriental para asistir al Primer Coloquio de Escritores Iberoamericanos organizado por la revista Humboldt. Gana nuevamente el Premio Nacional de Fomento a la Cultura "Ricardo Palma", esta vez con su novela El Sexto. Viaja a Santiago de Chile y conoce a quien será su psicoanalista por el resto de su vida, la Dra. Lola Hoffman. En los próximos años viajará con frecuencia a Chile para consultarla. Tiene amores con Beatriz.

 

1963 Se recibe como Doctor en Etnología por la Universidad de San Marcos. Es nombrado director de la Casa de la Cultura del Perú. Funda la revista Cultura y Pueblo. Organiza una mesa redonda sobre monolingüismo quechua y aymara y la educación en el Perú.

 

1964 Renuncia a la Dirección de la Casa de la Cultura por problemas con la mayoría parlamentaria aprista y en solidaridad con la renuncia de Carlos Cueto Fernandini a la dirección de la Comisión Nacional de Cultura. Es nombrado Director del Museo Nacional de Historia. Funda la revista Historia y Cultura. Representando al Ministerio de Educación, asiste a la inauguración de los Museos de Ciudad de México. Se publica su novela Todas las Sangres.

 

1965 Viaja a Génova a un Coloquio de Escritores. Se separa de Celia Bustamante. Comparte desde entonces su vida con la chilena Sybila Arredondo y los dos hijos de ésta. Viaja por los Estados Unidos dictando conferencias en la universidades de Washington, Indiana (Bloomington), Cornell, California. Asiste al Primer Encuentro de Narradores Peruanos, en Arequipa. Viaja a Chile. El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) organiza una mesa redonda sobre Todas las Sangres. Sufre una profunda depresión por las críticas lapidarias que recibe su más reciente novela... En setiembre viaja a Francia.

 

1966 En abril intenta suicidarse. Logra un convenio de recopilación de literatura oral entre el Ministerio de Educación y la Universidad Agraria de La Molina. Viaja varias veces a Chile. Viaja a Montevideo a consultar al psiquiatra Marcelo Viñar. Asiste al XXXVII Congreso Internacional de Americanistas, en Argentina. La Universidad Agraria lo nombra profesor principal a tiempo completo.

 

1967 En marzo, viaja a Guadalajara, México, para participar en el Segundo Congreso Latinoamericano de Escritores. En mayo, se casa con Sybila Arredondo. En junio, participa en el Congreso Internacional de Escritores, en Chile. En el mismo mes, viaja a Viena para participar en un Encuentro de Antropólogos.

 

1968 Lo nombran Jefe del Departamento de Sociología de la Universidad Agraria. Entre enero y febrero, viaja con Sybila a Cuba para ser jurado del premio Casa de las América. En setiembre, solicita a la Universidad Agraria una licencia sin sueldo. Pasa una prolongada estadía en Chimbote para trabajar en su última novela. Viaja a Chile por siete semanas para consultar a la Dra. Hoffman y terminar la novela. El mismo año le fue otorgado el premio "Inca Garcilaso de la Vega", por su gran contribución al arte y a las letras del Perú. En la ceremonia de premiación pronuncia su famoso discurso: "No soy un aculturado".

 

1969 Viaja con frecuencia a Chile para consultar a la Dra. Hoffman. Se reintegra a la Universidad, en octubre. El 28 de noviembre, se dispara dos balazos en su despacho de la universidad. Muere el 2 de diciembre y es enterrado en el Cementerio El Ángel. El estudiante Rodrigo Montoya escribe sobre su tumba "Kaypiraqmi kachkani" (aquí me tienen todavía).

 

1971 Se publica su novela póstuma El Zorro de Arriba y El Zorro de Abajo.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Entrevista a Waldemar Espinoza “A la historia la considero una ciencia social”

 Entrevista a Waldemar Espinoza



“A la historia la considero una ciencia social”

Por Carlos De La Torre y David Acevedo R.

De trato amable y sencillo, ha contribuido con sus investigaciones al conocimiento de la historia del Perú. Ha profundizado el estudio de las sociedades andinas, descalificando las teorías hispanistas (erróneas) sobre el tema. A continuación, presentamos la entrevista que gentilmente nos concediera.

¿Qué vigencia tienen los estudios andinos para la actualidad?
Muchas cosas acontecidas en el pasado histórico ofrecen enseñanzas útiles para el presente. Hay que tener en cuenta que toda civilización o cultura se sustenta y apuntala en experiencias anteriores: me refiero a descubrimientos, inventos y creaciones de elementos culturales para resolver los problemas humanos de acuerdo al tiempo y espacio donde se reside. En este aspecto, los peruanos tenemos bastante que reconocer a nuestros antepasados andinos en lo que respecta al conocimiento y manejo de la naturaleza; en especial, los pisos y nichos ecológicos, magistralmente conocidos para aprovecharlos en todo lo posible en la producción de alimentos en un ámbito en el que no abundan las tierras de labranza. También la tecnología que usaron para lograr la perdurabilidad de su arquitectura y obras de ingeniería hidráulica, hay que ver que los canales de riego que hicieron Cumbemayo (Cajamarca) y en Tarmatambo siguen en uso hasta hoy. Por igual su sistema educativo, pues lo que anhelaban nuestros ancestros andinos es que los individuos estuvieran preparados para trabajar en beneficio de la unidad doméstica, de la comunidad y del Estado. Asimismo, el respeto al medio ambiente, con el que convivían en perfecta armonía, jamás depredando, sino extrayendo únicamente lo que les faltaba. Es largo el catálogo de las contribuciones andinas para la actualidad, aportes, que debemos inculcar en las mentes de los escolares y colegiales como parte de nuestra identidad.

¿Qué sucedió con la cultura andina con la llegada de los europeos?
Graves fueron las consecuencias del choque de dos maneras diferentes del ver el mundo. Los españoles, católicos en su totalidad, introdujeron en lo económico la ideología feudal-mercantil, la que trajo como consecuencia la explotación máxima de minerales preciosos -oro y plata-, para lo cual echaron mano de las multitudes humanas, sin cuyos brazos y energía jamás hubieran podido realizar sus objetivos. Pero no solo pusieron en funcionamiento los centros mineros, sino que igualmente dirigieron sus miradas a las hectáreas cultivables y a los pastizales de puna o estepa, estos de preferencia para la crianza de ovinos, cuya lana necesitaban para dar vida a los numerosos obrajes o talleres textiles, para lo cual también fue obligatorio el trabajo forzado que recibía el nombre de mita obrajera, que fue legislado para tales fines. Fue tan cruel que eso, aliado de otros excesos, motivaron en el siglo XVIII más de cien rebeliones de índole laboral y fiscal. Pero aparte de lo anterior, hay que mencionar la introducción de varias enfermedades letales, como la viruela y el sarampión, que provocaron epidemias que arrasaron a la población indígena, llevando a la tumba a millones de personas. Es que los habitantes andinos no estaban inmunizados contra esos microbios y virus.
Tampoco hay que pasar por alto la propaganda ejercida por el clero contra las religiones andinas, al extremo de esforzarse para hacerles creer que todas las divinidades andinas eran demonios y no dioses. Es lógico que tal pretensión y propaganda produjera un shock y malestar que hasta generó protestas como la del Taqui-Oncoy en el lustro de 1565.

¿Qué piensa sobre la resistencia andina en la historia del Perú?
También es una temática estudiada con intensidad desde mediados del siglo XX, con resultados sugerentes. La introducción de elementos culturales opuestos a lo andino produjo un choque emocional total con consecuencias devastadoras sicológicamente. Entonces tuvieron que eclosionar diversas formas de resistencia; unas abiertas y otras ocultas. Un modelo de contradicción solapada fue la de mantener en la clandestinidad el culto a sus seres sobrenaturales, como ocurrió frente a la Pachamama, a los muertos y a los Apus o espíritus de los cerros, entes a los cuales los veneraban y adoraban por estar persuadidos que de la voluntad de ellos dependía la fecundidad de la agricultura, ganadería y de la misma población humana. Entre las manifestaciones de resistencia abierta hay que mencionar al Taqui-Oncoy y al movimiento de libertad nativista de Yanahuara en el siglo XVI; los de Songo-Challana y Huarochiri en el siglo XVII. Y finalmente, las grandes conmociones sociales y libertarias del XVIII, de cuya centuria no es dable preterir a los proyectos de Juan Santos Atahualpa y José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru, conocidos por todos nosotros.

¿Qué opinión tiene acerca de la relación postmodernidad y cultura andina?
Para mí la llamada postmodernidad no tiene ni ejerce ninguna importancia en las ciencias sociales.
La referida corriente, que en el Perú tendrá 15 años de trasiego, es más útil para poetas y novelistas, mejor dicho, para los que cultivan la literatura o narrativa de ficción. A la historia yo la considero una ciencia social con métodos y técnicas para comprender y explicar lo verídico. Claro que esto depende de la formación del historiador, quien debe tener un conocimiento estricto de las fuentes primarias y secundarias. La historia no es un cuento ni un mero relato descriptivo, bien que los literatos pueden novelas de trasfondo histórico, obras que difícilmente pueden ser reputadas como fuentes históricas. Les hablo así, porque los postmodernos opinan que jamás sabremos con certeza lo que sucedió en el pasado, de manera que propugnan que los historiadores deben escribir los temas de su especialidad de acuerdo a lo que le venga a su cabeza. Eso no lo admiten los historiadores científicos.

¿Cómo interpreta la frase de Mariátegui "peruanizar al Perú"?
El Perú como Estado existe, aunque en múltiples ocasiones no tenga presencia en los centros poblados más lejanos de la centralista Lima. Pero es un Estado donde sus habitantes todavía, con pensamiento colonial, tienen sus miradas puestas en Europa y ahora mucho más en Estados Unidos, cuyo modo de vida quieren calcar incluso sacrificando sus fortunas y vidas. En consecuencia, eso de "peruanizar al Perú" lo recibo como un mensaje de rescatar y mantener vigente lo mejor de la herencia cultural andina, que fue sabia en el conocimiento de la naturaleza y de los hombres y mujeres que lo habitaban, como ya quedó explicitado en una respuesta precedente. En suma, "peruanizar al Perú" es vivir con identidad, sin imitar a otros sistemas y modales de existencia cotidiana que no nos pertenecen.
El Perú es suficientemente rico en cultura para sentirnos contentos de ser peruanos. Pero les diré que vivimos una época en la que, gracias a muchos medios de enseñanza hemos avanzado más de lo que podemos sospechar al respecto; por ejemplo, todos estamos felices de poseer a Machupicchu y de que en nuestra costa se haya formado la primera civilización. Lo que hay que importar del hemisferio norte es todo cuanto nos sirva científica y tecnológicamente para el desarrollo.

¿Es correcto usar la palabra etnia cuando nos referimos a nuestra cultura andina?
Evidentemente que es incorrecta. Pues no ha existido ni existe la "etnia andina" ni tampoco la "etnia peruana". Lo andino implica un espacio demasiado largo y ancho, desde el sur de Colombia hasta Maule en Chile y Mendoza en Argentina. Además, ahora milita la Comunidad de Naciones Andinas, donde está involucrada Venezuela y Colombia. El término andino es geográfico y político. Lo correcto es emplear la terminología etnia cuando tengamos que referirnos a las doscientas y tantas "naciones" que conformaron el Imperio del Tahuantinsuyo. Ha habido una época, desde mediados del siglo XX, en que los científicos sociales reemplazaron la peyorativa palabra "indio" con la de etnia, por considerarla menos infamante. Sin embargo, hay que reconocer que muchos preferimos decir -por ejemplo- nación Chanca, nación Huanca, etc. Los cronistas coloniales siempre emplearon esta última denominación, pero en la actualidad hay quienes se resisten por meditar que nación es una categoría social y política madurada en Europa recién a mediados del siglo XIX, precisamente la era denominada "formación de las naciones y del nacionalismo". Mi posición es que podemos decir indistintamente nación y etnia a las agrupaciones de ayllus y sayas o mitades que vivían bajo el gobierno de un hatuncuraca o capac-curaca antes y durante los Incas, y también a las agrupaciones nativas de la Amazonia.

¿Cuál es el rol de la mujer en la historia del Perú?
Como en toda sociedad machista, entre las cuales figura el Perú en primer puesto, el papel del sexo femenino tiene diverso peso según las épocas. En el Tahuantinsuyo, sin ninguna dubitación, más importancia tenía como madre y esposa; si bien el Estado las tenía en cuenta en los programas de logística militar, pues cada soldado -siempre casado- marchaba con su cónyuge para que esta lo asistiera en las tareas de alimentación, vestido y alojamiento con implementos suministrados por el Estado. De modo semejante, en las labores textiles produciendo para el gobierno imperial, el cual demandaba miles de trajes para arropar a sus servidores y administradores. En lo atingente a las mujeres de la alta nobleza, estas jugaron un rol importante en las intrigas para designar al nuevo sapainca, pero ellas jamás pudieron alcanzar el cargo de Incas del Imperio. Solamente en las etnias o naciones Otavalo, Tallan y Huaylla se ha detectado que las féminas podían gobernar a los pueblos a falta de varones. Durante el Virreinato, la mujer siguió con un gran desempeño en el hogar y en la vida conventual. Poquísimas fueron las que descollaron en la poesía y libros de viajes. Muy tardía mente, a fines del XIX es que empiezan a figurar en la Universidad, donde poco a poco van a obtener títulos y a ocupar puestos a la par que los hombres. Desde la segunda mitad del XX, la mujer es tratada por la Constitución e Instituciones de todo tipo en términos iguales que los varones. Con todo, los movimientos feministas siempre dejan oír sus protestas por ciertas desigualdades, por ejemplo, en el monto de los sueldos y el acoso sexual de sus jefes.

Cuando hablamos de rebeliones siempre se resalta la figura del varón, pero usted en sus clases hace un paréntesis y proclama a la mujer indígena, noble y plebeya del siglo XVI al XVIII. Con ello podemos decir que la liberación de la mujer y su participación activa en los hechos históricos de nuestro país se inician mucho antes que en Occidente. Y que la cultura occidental se encargó de esconder la figura de la mujer, pasándola por secundaria.
En las rebeliones populares y campesinas de todo el mundo, siempre han tenido participación. Recuerden lo que sucedió en Francia cuando se produjo la toma de la Bastilla, no olviden tampoco la presencia de ellas en la revolución mexicana de 1910. En el Perú, es más o menos semejante. Lo que ocurre es que en nuestro país la mujer, por la costumbre inveterada, no debía participar en marchas, ni en programas de índole poli- tico. Por lo tanto, no se la veía en los desfiles, tumultos y manifestaciones: pero en su casa preparaba el alimento y ropa de los rebeldes, desde sus balcones y puertas y ventanas contemplaban y aplaudían a sus maridos, hermanos e hijos que protestaban en las calles y plazas. En la rebelión de Juan Santos Atahualpa, la guerrillera Ana de Tarma comandó a un pelotón de hasta 50 damas de extracción campesina que se enfrentaron a las fuerzas coloniales represivas. Y en cuanto a Túpac Amaru, es de grata memoria la vida y actuación de Micaela Bastidas, mujer de magníficas condiciones para conducirse como lideresa. Su esposo tal vez no habría sido derrotado de haberle escuchado sus recomendaciones.

¿Qué opinión tiene usted sobre el problema del eurocentrismo en la historia del Perú?
Ha tenido mucho peso, y lo sigue teniendo. Es el fruto de la situación colonial del Perú desde el siglo XVI a 1821, en que todo se planificaba en España para gobernar al Virreinato. De manera que eso modeló los estilos, gestos, métodos y formas de vida cotidiana privada y pública. En lo social, por ejemplo, surgió el racismo, en la moda del vestido influyó en manera tan poderosa que en el Perú la integridad de criollos y criollas se arropaban siguiendo los modelos enviados por España. En lo educacional, los colegios y Universidades reproducían lo que hacían las de Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares. En fin, los chapetones, criollos, mestizos e indígenas nobles y ricos imitaban en todo al grupo dominante de procedencia extranjera. Fue un prejuicio y mentalidad que se prolongó al siglo XIX, centuria en que se copiaba a Francia; en el XX a Inglaterra y EEUU. Es posible que este defecto siga vigente.

¿Qué problemas encuentra en la historia oficial?
En cuanto a esto, como ustedes ya conocen, los que manejan las riendas del poder instan a los gobiernos a preparar planes de estudio en escuelas y colegios de acuerdo a sus intereses. Inventan héroes, hazañas, triunfos y todo lo demás que les conviene para enaltecer con falsedades a sus ascendientes, justificar la pobreza, la exclusión de unos a favor de otros. Recuerdo en este momento el célebre Manual de Urbanidad de Manuel Antonio Carreño, de mediados del siglo XIX, tremendamente difundido en los centros escolares y colegios de secundaria en el Perú de entonces, en cuyas páginas no solo se justifica sino se aplaude la mendicidad por considerarla obra de la voluntad celestial, que les permitía la entrada directa al Cielo; mientras más indigente, más seguridad para salvarse, profiere. Carreño dice que no debían lamentarse los pobres, porque eso sucedía por voluntad divina. Así se educaba en el Perú en el siglo XIX, o mejor diríamos así se domesticaba a la juventud de las clases bajas del país. En el Perú continuamente ha existido una historia oficial frente a otra no oficial. Solo en las Universidades es dable investigar y enseñar la historia objetiva.

¿Qué dificultades encuentra usted en los profesores de historia?
Seguramente, ustedes se refieren a los docentes de primaria y secundaria. Pues bien, si es así les diré que se apegan mucho a los textos aprobados y hechos por las autoridades oficiales, las que -como ya he dicho- más preocupados están por esconder, olvidar y justificar sus errores y desatinos. Además, poquísimos son los profesores que leen otros libros que los puedan sacar de la oscuridad en que están. La educación sigue siendo un problema nacional, parece que nadie quiere tomar al toro por las astas para convertir a nuestros centros de estudio y formación profesional en focos científicos y tecnológicos, para ir en pos del desarrollo efectivo y no retórico del país.

¿Qué importancia tiene la historia y que nos puede decir de la categoría Modos de Producción?
En primer lugar, es un deber patriótico conocer nuestros orígenes y antecedentes como pueblo, como nación, como Estado. Explicada en forma analítica, clara y didáctica despierta amor a las cosas nuestras, desde las edades más arcaicas hasta el presente. Poco a poco consolida la identidad y a la nación peruana. En segundo lugar, y como consecuencia de la moda implantada por los postmodernos, el debate sobre los modos de producción se ha detenido; no sé cuándo resucitará. Lo único que puedo expresar es que, al momento de paralizar su estudio, la figura respecto al Tahuantinsuyo es que pertenecía al modo de producción comunal tributaria, la colonia al modo de producción feudal-mercantil, y la república un modo de producción capitalista-dependiente.

El racismo en el Perú está muy arraigado. Sin embargo, los sectores discriminados han dado mucho en la lucha por una sociedad más justa. En ese sentido, ¿Qué aportes dieron los negros, los chinos, los indios, etc.?
El racismo, se sabe, es como una doctrina según la cual el tipo físico y matiz de la epidermis determinan el grado de comportamiento e inteligencia. De manera que mientras más clara sea la tez, sostienen la superioridad de lo blanco sobre lo moreno y negro. A éstos los marginan y apartan. Gobineau y Houston Stewart Chamberlain fueron los que más divulgaron y justificaron las ideas racistas en el siglo XIX. En el Perú está muy arraigado el racismo desde el siglo XVI. De todas maneras, es una interrogante compleja, lo que también exige una contestación amplia; y no hay espacio para tanto. Pero les puedo decir que el racismo que practicamos los peruanos es el más notorio y peligroso de Latinoamérica. En nuestro país, no están libres de esta tara ni siquiera los científicos sociales, ni los afamados etnohistoriadores, ni los biólogos, ni arqueólogos, antropólogos, sociólogos y ni el clero, incluyendo a las monjas. Todos los cuales, con sutiles pretextos los excluyen de sus instituciones, salvo para recibirlos como legos, subalternos o sirvientes. Existen varias investigaciones al respecto, plasmadas en artículos y en libros; les recomiendo leerlos y estudiarlos. Sin embargo, ningún estudioso serio se atreve a desconocer los aportes culturales de los africanos traídos a nuestro territorio desde 1532 en adelante; esta inmigración forzada solo acabó en la década de 1830. En tan largo período, es comprensible de que hayan acarreado consigo y dejaran infinidad de elementos culturales que ahora dan carácter a la manera de ser de los costeños. La historia social y económica del litoral sería imposible de comprenderla sin reconocer la influencia africana. Su música, danza, maneras de hablar y culinaria son proverbial es en Saña, Chincha, Cañete y Lima. Zonas criollas por excelencia. De los chinos, trasladados para faenar como braceros en las islas guaneras y en las haciendas de los valles de la costa, podemos decir casi lo mismo, con el añadido que éstos, por pertenecer a sociedades más avanzadas pudieron y han logrado conquistar una posición expectante en el comercio, la industria; hasta tienen sus bancos financieros y colegios propios, acceden a las Universidades con facilidad. Sus contribuciones a la cocina y repostería peruana son gratamente reconocidas por sus exquisitos sabores. Biológicamente se han mezclado con los peruanos sin mayor problema, bien que la mayoría de ellos prefieren enlazarse dentro de su propio grupo. Con todo, el Perú sigue siendo muy racista, como ustedes lo habrán podido constatar a través de los medios periodísticos y televisivos.

¿Qué enseñanzas ha tenido de César Vallejo, José María Arguedas, José Carlos Mariátegui y de Luís Eduardo Valcárcel, en cuanto a identidad?
Los nombres que ustedes enumeran son claves en la formación de la conciencia nacional peruana. Vallejo es un poeta genuinamente peruano, peruanísimo, es un consenso general, reconocido aquí y fuera. José María Arguedas, a quien conocí y traté, nos encantaba por su sensibilidad para captar, vivir y explicar el alma andina, gracias a que tuvo la oportunidad de haber nacido y vivido con intensidad la cultura ancestral en los ayllus y comunidades del centro de la sierra peruana. Con sus dotes innatos como escritor supo trasmitirnos lo que, justamente, necesitamos para sentimos cada vez más peruanos.
José Carlos Mariátegui, llevó a cabo, como nadie, el examen espectral de la realidad peruana, en su totalidad, que pese a los años transcurridos sigue vigente en múltiples aspectos. Los tres autores mencionados son ahora figuras de relevancia universal. En cuanto a Luís E. Valcárcel, que fue mi profesor en San Marcos, es memorable, entre otros aspectos, por su franca y decidida admiración por la cultura y habitante andino y porque él fue el principal gestor para dar origen al Indigenismo en el Perú, en la tercera y cuarta década del siglo XX, con obras antropológicas, etnohistóricas, artísticas y literarias de primera magnitud. Lo que más recuerdo de Luís E. Valcárcel son sus libros Ruta cultural del Perú, Historia de la cultura antigua del Perú y sus Memorias. El ejerció mucha influencia, al igual que Raúl Porras Barrenechea, para mi formación científica en la etnohistoria. Les profeso un grato recuerdo.

Fuente: http://forjemos.blogspot.com/.../entrevista-waldemar...

El año 2007, con el historiador Waldemar Espinoza en la facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM, Escuela de Historia, recibiendo la entrevista del maestro Waldemar, realizada con el maestro y compañero Carlos De La Torre. 

miércoles, 25 de mayo de 2022

ENTREVISTA AL MARAVILLOSO PINTOR BRUNO PORTUGUEZ

ENTREVISTA AL MARAVILLOSO PINTOR BRUNO PORTUGUEZ



José Luis Ayala.

Bruno Portuguez expone en la Casa Real de la UNMSM, jirón Andahuaylas 348, cercado de Lima, desde 9 de mayo al 9 de junio. La exposición: Memoria del Bicentenario en América Latina, trata de 25 retratos al óleo, los personaje entre otros son: Rita Puma, Melgar, Túpac Catari, Lautaro, Martí, Maceo, Pancho Villa Benito Juárez, etc., etc. Es decir excepcionales seres humanos que pertenecen a la historia del Perú y América Latina. Nunca antes se tomó en cuenta el rol protagónico de estos personajes, cuyos rostros tienen una fascinante carga humana vital.

- ¿Para quién pintas?
- Pinto para mí, para cicatrizar una gran herida, una herida abierta y aún sangrante, es la herida infligida a los más humildes de mi país que viene desde muy atrás y que aún perdura en estos días. Pinto para ellos, para mi pueblo, para reivindicarlos de alguna manera a través de mi pintura. Y pinto, con el único interés de plasmar sus sueños, sus vidas y sus luchas. Es para mí un gran honor hacerlo y lo hago con el mayor cariño y elevación estética posible, en ello me doy entero, sin disfraz ni media tintas, con toda la dicha y la fuerza que aprendí de ellos y también de la vida.

- ¿Por qué has escogido estos personajes?
- Creo, sin temor a equivocarme, que son ellos los que me han escogido a mí, yo solo trato de cumplir a cabalidad con ese encargo, y pongo en ello mi sangre y mis conocimientos de pintor, Todos ellos son hombres y mujeres cuya vida y coraje enternecen y conmueven hasta las lágrimas, y exigen mantener viva sus memorias, su sangre no en vano derramada, seguir el ejemplo de su heroísmo y la gran entrega de su vida por ver libre y digno nuestro país y unida nuestra patria grande, es decir América.

- ¿Qué relación hay entre pintura y la historia?
- Es la misma relación que hay entre arte y vida. Es decir, sin historia no hay arte y sin arte, no hay historia. Desde los albores de la civilización, el arte ha servido de soporte a la historia, el arte rupestre es una muestra palpable de ello. Y, posteriormente, la historia se encargó de servir de soporte a los diferentes movimientos artístico que se fueron gestando en el tiempo. Esa es su relación y su reciprocidad.

- ¿Cómo contribuye tu pintura a la memoria social del Perú?
- La verdad es que no tengo pretensión alguna. Soy un pintor que trabaja con la mayor libertad posible, sin trabas de ninguna especie, mucho menos de los críticos o galerías comerciales del medio. Quizás sea mi atrevimiento el de pintar al pueblo y el de retratar de alguna manera a los hombres y mujeres que evitaron que nuestro país sea ensuciado y destrozado del todo por las diferentes mafias que lo asolaron y que hoy aún existen. Eso es tal vez mi mayor y mejor logro, si algo de mi pintura queda de ello, me doy por satisfecho.

- ¿Qué relación hay entre pintura e ideología?
- No hay pintura ni arte apolítico. La pintura es un medio y como tal responde a los intereses sociales de quién lo crea, contiene quiéralo o no, el interés de su creador que puede ser de aceptación o de rechazo al sistema social en que se vive. No es ajeno a esos intereses, hay una ligazón indeleble y firme, corresponde como tal a la ideología o posición social de su creador.

- ¿Cómo defines tu pintura?
- Como un torrente de afirmación, de vida y de amor incondicional hacia los más necesitados, los explotados los invisibilizados, los sin voz. Mi estilo es propio, de gran fuerza y expresividad, para ello utilizo un grueso empaste a veces con pincel ancho o brocha y otra, con espátula, tratando de impregnar en el lienzo toda mi emoción, mi temperamento y mi vida. Utilizo para ello, una línea fuerte y quebrada, producto de nuestra telúrica y agreste geografía. Cuando pinto no me detengo en pensar más que en mi propia opinión, eso es lo más importa, no miro trabajo ajeno, al final solo estoy yo, mis utensilios y mi visión creadora, tampoco involucro o culpo a nadie de mis fracasos, que siempre fueron los más, y voy en busca del color, de la luz, eso fue siempre mi gran preocupación, como también, hacer sentir lo que yo siento, que escuchen y vibren con mi voz, y sobre todo, que amen y vean lo que yo amo y veo. Esa es mi pintura, esa mi verdad.

- ¿Qué aconsejarías a un joven pintor?
-Tal vez lo que aprendí en la vida: honestidad, verdad, coraje y perseverancia. No esperar nada de nada, ni críticas ni aplausos, solo la confianza de uno mismo, eso es lo verdadero y real, la voz profunda y sincera de nuestro corazón. Al principio es muy duro, pero hay que continuar, atreverse a ser uno mismo, a buscar su propio camino, no temer al fracaso y menos al qué dirán y sobre todo, buscar el verdadero conocimiento que está en la vida y en todos aquellos maestros que se atrevieron a forjar su propio camino. Por último, no seguir huellas ajenas, tenemos una grandiosa historia y un hermoso país, casi virgen en expresiones plásticas, los emplazo a dar el segundo gran paso de un arte verdaderamente nacional, realista y popular.

- ¿A quiénes te falta pintar?
- La historia del Perú es un proceso permanente de redescubrimiento de nosotros mismos. Falta retratar a personaje invisivilizados por la historia oficial, sindicalistas, dirigentes mineros, etc., etc.
- ¿Hasta cuándo vas a pintar?
-Hasta cuando tenga vida. Mi padre pasó 70 años de su vida en su gran pasión: el mar. Él era pescador artesanal y murió tercamente en su oficio; yo espero sobrepasarlo en experiencia y si me visita la muerte la espero trabajando.
Larga vida al pintor del Perú cósmico, sideral y eterno.

Diario UNO. Lima, 22 de mayo del año 2022.

viernes, 20 de agosto de 2021

Arguedas y la cultura nacional por Wilfredo Kapsoli

 Arguedas y la cultura nacional[1]


 

Por Wilfredo Kapsoli

I

El contexto histórico-social

El Perú contemporáneo se ha caracterizado por una creciente transformación de su estructura económica y social. Una nación en formación, desarticulada económica y administrativamente, toleró el desarrollo de los poderes y cacicazgos locales y regionales. La figura del gamonal, de la servidumbre y de los indios han sido sus elementos más significativos y esenciales. Pero la gradual penetración capitalista en el campo ha cambiado el paisaje y a los personajes de nuestra sociedad. Los gringos, terratenientes o mineros, los asalariados y comerciantes se han impuesto en muchas regiones de nuestro país. Los indios y los mestizos tradicionalmente aferrados a la sierra y a la tierra han sido expulsados del campo. Las ciudades y las urbes costeñas son invadidas. Gigantescas oleadas migratorias transforman el casco urbano y generan el surgimiento de las barriadas.

Pero también la desocupación, el hambre, las protestas populares son fenómenos cotidianos y permanentes. Desilusión o afianzamiento de la conciencia político-popular son los rasgos distintivos de nuestra mentalidad contemporánea. Dentro de este contexto, Arguedas realizó su labor intelectual y literaria.

 

II

Arguedas y su producción intelectual

La producción intelectual de Arguedas es múltiple. Abordó con igual dominio y suficiencia temas de historia, antropología como de literatura. En un primer momento su preocupación fue únicamente por la población indígena. Habiendo vivido y compartido sus experiencias vitales quiso testimoniar y reflejarlos con la palabra escrita. Posteriormente, cuando su concepción ideológica se amplía y asume la herencia de José Carlos Mariátegui, se lanzó a escribir la vida y la idiosincrasia de todas las clases sociales del Perú. Así, su interés es por los mestizos, los obreros, los "mistis", los gringos, en una palabra: por la totalidad de peruanos o por el Perú integral.

 

1. Sus estudios antropológicos. Arguedas se graduó de Doctor en Antropología en la Universidad de San Marcos. La tesis que presentó fue sobre “Las comunidades de España y del Perú". Ejerció la docencia y una gran labor de divulgación y de defensa de la cultura nacional representada, fundamentalmente, por la cultura indígena. Un rubro importante de su creación y actividad intelectual fue precisamente el rescate del folklore y la historia indígena. Tradujo una versión quechua de "Los dioses y hombres de Huarochiri” del cual Arguedas dijo: “es un documento excepcional... el único texto quechua popular conocido de los siglos XVI-XVII. El único que ofrece un cuadro completo, coherente de la mitología, de los ritos y de la sociedad en una provincia del Perú antiguo". Es una especie de Popol Vuh peruano, una pequeña biblia regional que ilumina todo el campo de la historia prehispánica.

Ya sea desde su cargo de director de la Casa de la Cultura, como desde la prensa diaria, o las revistas especializadas, buscó preservar los mitos, las leyendas, los bailes y las canciones de los indios de la hacienda y de las comunidades. Y es que la penetración capitalista no solamente desplaza las economías regionales sino también impone su cultura e ideología. Una reciente recopilación bibliográfica bajo el título de "Señores e indios" es una evidencia elocuente de aquella entrega de Arguedas. Él decía: "el estudio de la cultura quechua es urgente y sus proyecciones se deben comprometer a toda la sociedad nacional". A la colonización cultural había que enfrentarla resguardando lo nacional, lo auténtico, lo popular. Textualmente Arguedas planteó: "en el caso de Latinoamérica se trata de demostrar la imposibilidad de que en la actualidad, poderes foráneos, cualquiera sea su origen, logren el avasallamiento cultural de sus principales núcleos indígenas a pesar de la dominación política y económica".

 

2. Su producción literaria. La labor intelectual de Arguedas adquiere en la narrativa, en la novela, su nivel y concreción universal. En su obra literaria supo integrar lo personal, autobiográfico, con lo local, regional y nacional. Logró plasmar y superar el indigenismo. Su especial, situación de haber vivido y sufrido con los indios le permitió representarlos con objetividad y realismo. Aun cuando étnicamente no fuera indio. Como lo ha señalado Antonio Cornejo Polar, nos ofrece una verdadera literatura indígena. Aquella creación que Mariátegui reclamaba años antes, cuando decía que la literatura en el Perú todavía era indigenista y no indígena. Arguedas en su famosa "confesión" en Arequipa contó los pasajes más importantes de su vida. Al referirse a sus primeros años, dijo: "'quedaron en mi persona dos cosas muy sólidamente desde que aprendí a hablar: la ternura y el amor sin límites de los indios, el amor que se tienen entre ellos mismos y que le tienen a la naturaleza, a las montañas, a los ríos, a las aves; y el odio que tienen a quienes, casi inconscientemente y como una especie de mandato supremo, les hacían padecer". Este mundo era distorsionado o groseramente morigerado. Incluso escritores como Enrique López Albújar o Ventura García Calderón no conocían ni comprendían lo esencial de la cultura india. Por ello Arguedas se propuso escribir tal cual es, "porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido". El proyecto de Arguedas maduró y alcanzó logros cada vez más notorios y universales. Sus personajes fueron los indios de hacienda, de comunidad, los mistis o gamonales y geográficamente se ocupó de la aldea, de la provincia y hasta del territorio nacional. Su argumentación permanente fue contradicción de personas, clases, regiones y sistemas económicos. Veamos este recorrido del proyecto nacional popular de José Maña Arguedas:

En Agua (1935), su primera producción literaria, recrea la vida de una aldea y los conflictos entre el gamonal y los indios. La aldea es San Juan de Lucanas y la hacienda Viseca. Pero, al mismo tiempo, en Agua aparece "la decisión del protagonista (Arguedas) de incorporarse profundamente al mundo indio y la correlativa voluntad de abandonar el propio".

Al referirse a Yawar Fiesta (1941), su segunda novela, Arguedas dijo: "señores, describí el poder del pueblo indígena. El verdadero personaje de esta novela es la masa indígena que destruye el mito que está representado por el toro, el Misitu. Cuando el pueblo indígena quiere mostrar su valor ante la gente que lo desprecia, que son los señores, incluso mata a un dios; que es el Misitu, e incluso está dispuesto a matar a sus dioses para demostrar que son gente que tienen valor". El escenario de Yawar Fiesta es Puquio, capital de los Andes y muestra la contradicción entre el universo de la costa y de la sierra. Su función e importancia es grande en cuanto tienen un valor testimonial y de índole histórico-social. Presagia, a decir de Cornejo Polar, la creación de Todas las sangres. Su tercera novela, Los ríos profundos (1958), marca una nueva etapa en el pensamiento de Arguedas. Así lo considera Tomás Escajadillo cuando dice: "no se trata solamente de un proceso de madurez de un escritor, de un natural afinamiento de sus medios expresivos, en suma, de una mayor calidad y jerarquía... Hay algo más y son los nuevos elementos y factores que significan un alejamiento o una superación del indigenismo ortodoxo". La trama de la novela, según el mismo Arguedas, "es la sublevación de los indios de hacienda por una causa de orden mágico: ellos están atacados por el tifus y se difunde la idea de que la ‘madre’ del tifus que es un animal, no podrá morir, sino en virtud de una misa que el santo padre de Abancay dijera, para lo cual tienen que tomar la ciudad y enfrentarse a las fuerzas represivas, hasta lograr su ansiada misa mágica". Esta obra presenta en forma de ficción fenómenos de la misma lucha campesina que se hicieron intensos en los años siguientes. El escenario de la obra es el Cuzco y Abancay, es decir, capitales, ya no de provincias sino de departamentos.

En la misma dirección y sentido Arguedas explicó la tesis central de su novela Todas las sangres (1964.): "El Perú se está debatiendo entre dos tendencias. ¿Qué es mejor para el hombre, cómo progresa más el hombre, mediante la competencia individual, el incentivo de ser uno más poderoso que todos los demás o mediante la cooperación fraternal de todos los hombres que es la que practican los indios? El contexto de la novela discurre en todo el ámbito nacional y compromete a todas las clases sociales”.

Hasta aquí, hay en Arguedas una constante superación; pero todavía podría quedar en el populismo, si tenemos en consideración sus propias declaraciones doctrinarias que guían su producción literaria: "que el individualismo agresivo no es el que va a impulsar bien a la humanidad sino que la va a destruir; es la fraternidad humana la que hará posible la grandeza no solamente del Perú sino de la humanidad. Y esa es la que practican los indios y la practican con un orden, con un sistema, con una tradición".

Pero Arguedas avanzó más. Se declaró heredero ideológico de José Carlos Mariátegui y reconoció la profunda influencia que le causaron la revista Amauta y su director. La huella del Amauta en Arguedas es profunda al punto de que en él se produce una verdadera situación consustancial entre la vida y la ideología. Su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo es el mejor testimonio político literario que nos ha podido dejar.

A los nueve años de su trágica desaparición José María Arguedas sigue vivo en el corazón de su pueblo. Los indios y lacayos con quienes tembló de frío en los regadíos nocturnos y bailó en los carnavales, borracho de alegría, al compás de la tinya y la flauta, lo siguen recordando y lo conservarán de generación en generación, eternamente.

 

Bibliografía básica

1.       Revista Peruana de Cultura N° 13 y 14 (Homenaje a José María Arguedas. Lima, I. N. C. 1970).

2.       José María Arguedas, Señores e indios. Buenos Aires, Ed. Calicanto (recopilación de artículos acerca de la cultura quechua realizada por Ángel Rama).

3.       Francisco Ávila, Dioses y hombres de Huarochirí, narración quechua, traducida al castellano por José María Arguedas. Lima, I.E.P. 1966.

La cultura popular en J.M. Arguedas. Lima, 1978. Recopilación del grupo Tarea N° 26 y 27.



[1] Kapsoli, Wilfredo: “Arguedas y la cultura nacional”, Marka, N° 104, 4-I-1979, pp. 35-36.