sábado, 6 de septiembre de 2025

Entrevista a Waldemar Espinoza “A la historia la considero una ciencia social”

 Entrevista a Waldemar Espinoza



“A la historia la considero una ciencia social”

Por Carlos De La Torre y David Acevedo R.

De trato amable y sencillo, ha contribuido con sus investigaciones al conocimiento de la historia del Perú. Ha profundizado el estudio de las sociedades andinas, descalificando las teorías hispanistas (erróneas) sobre el tema. A continuación, presentamos la entrevista que gentilmente nos concediera.

¿Qué vigencia tienen los estudios andinos para la actualidad?
Muchas cosas acontecidas en el pasado histórico ofrecen enseñanzas útiles para el presente. Hay que tener en cuenta que toda civilización o cultura se sustenta y apuntala en experiencias anteriores: me refiero a descubrimientos, inventos y creaciones de elementos culturales para resolver los problemas humanos de acuerdo al tiempo y espacio donde se reside. En este aspecto, los peruanos tenemos bastante que reconocer a nuestros antepasados andinos en lo que respecta al conocimiento y manejo de la naturaleza; en especial, los pisos y nichos ecológicos, magistralmente conocidos para aprovecharlos en todo lo posible en la producción de alimentos en un ámbito en el que no abundan las tierras de labranza. También la tecnología que usaron para lograr la perdurabilidad de su arquitectura y obras de ingeniería hidráulica, hay que ver que los canales de riego que hicieron Cumbemayo (Cajamarca) y en Tarmatambo siguen en uso hasta hoy. Por igual su sistema educativo, pues lo que anhelaban nuestros ancestros andinos es que los individuos estuvieran preparados para trabajar en beneficio de la unidad doméstica, de la comunidad y del Estado. Asimismo, el respeto al medio ambiente, con el que convivían en perfecta armonía, jamás depredando, sino extrayendo únicamente lo que les faltaba. Es largo el catálogo de las contribuciones andinas para la actualidad, aportes, que debemos inculcar en las mentes de los escolares y colegiales como parte de nuestra identidad.

¿Qué sucedió con la cultura andina con la llegada de los europeos?
Graves fueron las consecuencias del choque de dos maneras diferentes del ver el mundo. Los españoles, católicos en su totalidad, introdujeron en lo económico la ideología feudal-mercantil, la que trajo como consecuencia la explotación máxima de minerales preciosos -oro y plata-, para lo cual echaron mano de las multitudes humanas, sin cuyos brazos y energía jamás hubieran podido realizar sus objetivos. Pero no solo pusieron en funcionamiento los centros mineros, sino que igualmente dirigieron sus miradas a las hectáreas cultivables y a los pastizales de puna o estepa, estos de preferencia para la crianza de ovinos, cuya lana necesitaban para dar vida a los numerosos obrajes o talleres textiles, para lo cual también fue obligatorio el trabajo forzado que recibía el nombre de mita obrajera, que fue legislado para tales fines. Fue tan cruel que eso, aliado de otros excesos, motivaron en el siglo XVIII más de cien rebeliones de índole laboral y fiscal. Pero aparte de lo anterior, hay que mencionar la introducción de varias enfermedades letales, como la viruela y el sarampión, que provocaron epidemias que arrasaron a la población indígena, llevando a la tumba a millones de personas. Es que los habitantes andinos no estaban inmunizados contra esos microbios y virus.
Tampoco hay que pasar por alto la propaganda ejercida por el clero contra las religiones andinas, al extremo de esforzarse para hacerles creer que todas las divinidades andinas eran demonios y no dioses. Es lógico que tal pretensión y propaganda produjera un shock y malestar que hasta generó protestas como la del Taqui-Oncoy en el lustro de 1565.

¿Qué piensa sobre la resistencia andina en la historia del Perú?
También es una temática estudiada con intensidad desde mediados del siglo XX, con resultados sugerentes. La introducción de elementos culturales opuestos a lo andino produjo un choque emocional total con consecuencias devastadoras sicológicamente. Entonces tuvieron que eclosionar diversas formas de resistencia; unas abiertas y otras ocultas. Un modelo de contradicción solapada fue la de mantener en la clandestinidad el culto a sus seres sobrenaturales, como ocurrió frente a la Pachamama, a los muertos y a los Apus o espíritus de los cerros, entes a los cuales los veneraban y adoraban por estar persuadidos que de la voluntad de ellos dependía la fecundidad de la agricultura, ganadería y de la misma población humana. Entre las manifestaciones de resistencia abierta hay que mencionar al Taqui-Oncoy y al movimiento de libertad nativista de Yanahuara en el siglo XVI; los de Songo-Challana y Huarochiri en el siglo XVII. Y finalmente, las grandes conmociones sociales y libertarias del XVIII, de cuya centuria no es dable preterir a los proyectos de Juan Santos Atahualpa y José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru, conocidos por todos nosotros.

¿Qué opinión tiene acerca de la relación postmodernidad y cultura andina?
Para mí la llamada postmodernidad no tiene ni ejerce ninguna importancia en las ciencias sociales.
La referida corriente, que en el Perú tendrá 15 años de trasiego, es más útil para poetas y novelistas, mejor dicho, para los que cultivan la literatura o narrativa de ficción. A la historia yo la considero una ciencia social con métodos y técnicas para comprender y explicar lo verídico. Claro que esto depende de la formación del historiador, quien debe tener un conocimiento estricto de las fuentes primarias y secundarias. La historia no es un cuento ni un mero relato descriptivo, bien que los literatos pueden novelas de trasfondo histórico, obras que difícilmente pueden ser reputadas como fuentes históricas. Les hablo así, porque los postmodernos opinan que jamás sabremos con certeza lo que sucedió en el pasado, de manera que propugnan que los historiadores deben escribir los temas de su especialidad de acuerdo a lo que le venga a su cabeza. Eso no lo admiten los historiadores científicos.

¿Cómo interpreta la frase de Mariátegui "peruanizar al Perú"?
El Perú como Estado existe, aunque en múltiples ocasiones no tenga presencia en los centros poblados más lejanos de la centralista Lima. Pero es un Estado donde sus habitantes todavía, con pensamiento colonial, tienen sus miradas puestas en Europa y ahora mucho más en Estados Unidos, cuyo modo de vida quieren calcar incluso sacrificando sus fortunas y vidas. En consecuencia, eso de "peruanizar al Perú" lo recibo como un mensaje de rescatar y mantener vigente lo mejor de la herencia cultural andina, que fue sabia en el conocimiento de la naturaleza y de los hombres y mujeres que lo habitaban, como ya quedó explicitado en una respuesta precedente. En suma, "peruanizar al Perú" es vivir con identidad, sin imitar a otros sistemas y modales de existencia cotidiana que no nos pertenecen.
El Perú es suficientemente rico en cultura para sentirnos contentos de ser peruanos. Pero les diré que vivimos una época en la que, gracias a muchos medios de enseñanza hemos avanzado más de lo que podemos sospechar al respecto; por ejemplo, todos estamos felices de poseer a Machupicchu y de que en nuestra costa se haya formado la primera civilización. Lo que hay que importar del hemisferio norte es todo cuanto nos sirva científica y tecnológicamente para el desarrollo.

¿Es correcto usar la palabra etnia cuando nos referimos a nuestra cultura andina?
Evidentemente que es incorrecta. Pues no ha existido ni existe la "etnia andina" ni tampoco la "etnia peruana". Lo andino implica un espacio demasiado largo y ancho, desde el sur de Colombia hasta Maule en Chile y Mendoza en Argentina. Además, ahora milita la Comunidad de Naciones Andinas, donde está involucrada Venezuela y Colombia. El término andino es geográfico y político. Lo correcto es emplear la terminología etnia cuando tengamos que referirnos a las doscientas y tantas "naciones" que conformaron el Imperio del Tahuantinsuyo. Ha habido una época, desde mediados del siglo XX, en que los científicos sociales reemplazaron la peyorativa palabra "indio" con la de etnia, por considerarla menos infamante. Sin embargo, hay que reconocer que muchos preferimos decir -por ejemplo- nación Chanca, nación Huanca, etc. Los cronistas coloniales siempre emplearon esta última denominación, pero en la actualidad hay quienes se resisten por meditar que nación es una categoría social y política madurada en Europa recién a mediados del siglo XIX, precisamente la era denominada "formación de las naciones y del nacionalismo". Mi posición es que podemos decir indistintamente nación y etnia a las agrupaciones de ayllus y sayas o mitades que vivían bajo el gobierno de un hatuncuraca o capac-curaca antes y durante los Incas, y también a las agrupaciones nativas de la Amazonia.

¿Cuál es el rol de la mujer en la historia del Perú?
Como en toda sociedad machista, entre las cuales figura el Perú en primer puesto, el papel del sexo femenino tiene diverso peso según las épocas. En el Tahuantinsuyo, sin ninguna dubitación, más importancia tenía como madre y esposa; si bien el Estado las tenía en cuenta en los programas de logística militar, pues cada soldado -siempre casado- marchaba con su cónyuge para que esta lo asistiera en las tareas de alimentación, vestido y alojamiento con implementos suministrados por el Estado. De modo semejante, en las labores textiles produciendo para el gobierno imperial, el cual demandaba miles de trajes para arropar a sus servidores y administradores. En lo atingente a las mujeres de la alta nobleza, estas jugaron un rol importante en las intrigas para designar al nuevo sapainca, pero ellas jamás pudieron alcanzar el cargo de Incas del Imperio. Solamente en las etnias o naciones Otavalo, Tallan y Huaylla se ha detectado que las féminas podían gobernar a los pueblos a falta de varones. Durante el Virreinato, la mujer siguió con un gran desempeño en el hogar y en la vida conventual. Poquísimas fueron las que descollaron en la poesía y libros de viajes. Muy tardía mente, a fines del XIX es que empiezan a figurar en la Universidad, donde poco a poco van a obtener títulos y a ocupar puestos a la par que los hombres. Desde la segunda mitad del XX, la mujer es tratada por la Constitución e Instituciones de todo tipo en términos iguales que los varones. Con todo, los movimientos feministas siempre dejan oír sus protestas por ciertas desigualdades, por ejemplo, en el monto de los sueldos y el acoso sexual de sus jefes.

Cuando hablamos de rebeliones siempre se resalta la figura del varón, pero usted en sus clases hace un paréntesis y proclama a la mujer indígena, noble y plebeya del siglo XVI al XVIII. Con ello podemos decir que la liberación de la mujer y su participación activa en los hechos históricos de nuestro país se inician mucho antes que en Occidente. Y que la cultura occidental se encargó de esconder la figura de la mujer, pasándola por secundaria.
En las rebeliones populares y campesinas de todo el mundo, siempre han tenido participación. Recuerden lo que sucedió en Francia cuando se produjo la toma de la Bastilla, no olviden tampoco la presencia de ellas en la revolución mexicana de 1910. En el Perú, es más o menos semejante. Lo que ocurre es que en nuestro país la mujer, por la costumbre inveterada, no debía participar en marchas, ni en programas de índole poli- tico. Por lo tanto, no se la veía en los desfiles, tumultos y manifestaciones: pero en su casa preparaba el alimento y ropa de los rebeldes, desde sus balcones y puertas y ventanas contemplaban y aplaudían a sus maridos, hermanos e hijos que protestaban en las calles y plazas. En la rebelión de Juan Santos Atahualpa, la guerrillera Ana de Tarma comandó a un pelotón de hasta 50 damas de extracción campesina que se enfrentaron a las fuerzas coloniales represivas. Y en cuanto a Túpac Amaru, es de grata memoria la vida y actuación de Micaela Bastidas, mujer de magníficas condiciones para conducirse como lideresa. Su esposo tal vez no habría sido derrotado de haberle escuchado sus recomendaciones.

¿Qué opinión tiene usted sobre el problema del eurocentrismo en la historia del Perú?
Ha tenido mucho peso, y lo sigue teniendo. Es el fruto de la situación colonial del Perú desde el siglo XVI a 1821, en que todo se planificaba en España para gobernar al Virreinato. De manera que eso modeló los estilos, gestos, métodos y formas de vida cotidiana privada y pública. En lo social, por ejemplo, surgió el racismo, en la moda del vestido influyó en manera tan poderosa que en el Perú la integridad de criollos y criollas se arropaban siguiendo los modelos enviados por España. En lo educacional, los colegios y Universidades reproducían lo que hacían las de Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares. En fin, los chapetones, criollos, mestizos e indígenas nobles y ricos imitaban en todo al grupo dominante de procedencia extranjera. Fue un prejuicio y mentalidad que se prolongó al siglo XIX, centuria en que se copiaba a Francia; en el XX a Inglaterra y EEUU. Es posible que este defecto siga vigente.

¿Qué problemas encuentra en la historia oficial?
En cuanto a esto, como ustedes ya conocen, los que manejan las riendas del poder instan a los gobiernos a preparar planes de estudio en escuelas y colegios de acuerdo a sus intereses. Inventan héroes, hazañas, triunfos y todo lo demás que les conviene para enaltecer con falsedades a sus ascendientes, justificar la pobreza, la exclusión de unos a favor de otros. Recuerdo en este momento el célebre Manual de Urbanidad de Manuel Antonio Carreño, de mediados del siglo XIX, tremendamente difundido en los centros escolares y colegios de secundaria en el Perú de entonces, en cuyas páginas no solo se justifica sino se aplaude la mendicidad por considerarla obra de la voluntad celestial, que les permitía la entrada directa al Cielo; mientras más indigente, más seguridad para salvarse, profiere. Carreño dice que no debían lamentarse los pobres, porque eso sucedía por voluntad divina. Así se educaba en el Perú en el siglo XIX, o mejor diríamos así se domesticaba a la juventud de las clases bajas del país. En el Perú continuamente ha existido una historia oficial frente a otra no oficial. Solo en las Universidades es dable investigar y enseñar la historia objetiva.

¿Qué dificultades encuentra usted en los profesores de historia?
Seguramente, ustedes se refieren a los docentes de primaria y secundaria. Pues bien, si es así les diré que se apegan mucho a los textos aprobados y hechos por las autoridades oficiales, las que -como ya he dicho- más preocupados están por esconder, olvidar y justificar sus errores y desatinos. Además, poquísimos son los profesores que leen otros libros que los puedan sacar de la oscuridad en que están. La educación sigue siendo un problema nacional, parece que nadie quiere tomar al toro por las astas para convertir a nuestros centros de estudio y formación profesional en focos científicos y tecnológicos, para ir en pos del desarrollo efectivo y no retórico del país.

¿Qué importancia tiene la historia y que nos puede decir de la categoría Modos de Producción?
En primer lugar, es un deber patriótico conocer nuestros orígenes y antecedentes como pueblo, como nación, como Estado. Explicada en forma analítica, clara y didáctica despierta amor a las cosas nuestras, desde las edades más arcaicas hasta el presente. Poco a poco consolida la identidad y a la nación peruana. En segundo lugar, y como consecuencia de la moda implantada por los postmodernos, el debate sobre los modos de producción se ha detenido; no sé cuándo resucitará. Lo único que puedo expresar es que, al momento de paralizar su estudio, la figura respecto al Tahuantinsuyo es que pertenecía al modo de producción comunal tributaria, la colonia al modo de producción feudal-mercantil, y la república un modo de producción capitalista-dependiente.

El racismo en el Perú está muy arraigado. Sin embargo, los sectores discriminados han dado mucho en la lucha por una sociedad más justa. En ese sentido, ¿Qué aportes dieron los negros, los chinos, los indios, etc.?
El racismo, se sabe, es como una doctrina según la cual el tipo físico y matiz de la epidermis determinan el grado de comportamiento e inteligencia. De manera que mientras más clara sea la tez, sostienen la superioridad de lo blanco sobre lo moreno y negro. A éstos los marginan y apartan. Gobineau y Houston Stewart Chamberlain fueron los que más divulgaron y justificaron las ideas racistas en el siglo XIX. En el Perú está muy arraigado el racismo desde el siglo XVI. De todas maneras, es una interrogante compleja, lo que también exige una contestación amplia; y no hay espacio para tanto. Pero les puedo decir que el racismo que practicamos los peruanos es el más notorio y peligroso de Latinoamérica. En nuestro país, no están libres de esta tara ni siquiera los científicos sociales, ni los afamados etnohistoriadores, ni los biólogos, ni arqueólogos, antropólogos, sociólogos y ni el clero, incluyendo a las monjas. Todos los cuales, con sutiles pretextos los excluyen de sus instituciones, salvo para recibirlos como legos, subalternos o sirvientes. Existen varias investigaciones al respecto, plasmadas en artículos y en libros; les recomiendo leerlos y estudiarlos. Sin embargo, ningún estudioso serio se atreve a desconocer los aportes culturales de los africanos traídos a nuestro territorio desde 1532 en adelante; esta inmigración forzada solo acabó en la década de 1830. En tan largo período, es comprensible de que hayan acarreado consigo y dejaran infinidad de elementos culturales que ahora dan carácter a la manera de ser de los costeños. La historia social y económica del litoral sería imposible de comprenderla sin reconocer la influencia africana. Su música, danza, maneras de hablar y culinaria son proverbial es en Saña, Chincha, Cañete y Lima. Zonas criollas por excelencia. De los chinos, trasladados para faenar como braceros en las islas guaneras y en las haciendas de los valles de la costa, podemos decir casi lo mismo, con el añadido que éstos, por pertenecer a sociedades más avanzadas pudieron y han logrado conquistar una posición expectante en el comercio, la industria; hasta tienen sus bancos financieros y colegios propios, acceden a las Universidades con facilidad. Sus contribuciones a la cocina y repostería peruana son gratamente reconocidas por sus exquisitos sabores. Biológicamente se han mezclado con los peruanos sin mayor problema, bien que la mayoría de ellos prefieren enlazarse dentro de su propio grupo. Con todo, el Perú sigue siendo muy racista, como ustedes lo habrán podido constatar a través de los medios periodísticos y televisivos.

¿Qué enseñanzas ha tenido de César Vallejo, José María Arguedas, José Carlos Mariátegui y de Luís Eduardo Valcárcel, en cuanto a identidad?
Los nombres que ustedes enumeran son claves en la formación de la conciencia nacional peruana. Vallejo es un poeta genuinamente peruano, peruanísimo, es un consenso general, reconocido aquí y fuera. José María Arguedas, a quien conocí y traté, nos encantaba por su sensibilidad para captar, vivir y explicar el alma andina, gracias a que tuvo la oportunidad de haber nacido y vivido con intensidad la cultura ancestral en los ayllus y comunidades del centro de la sierra peruana. Con sus dotes innatos como escritor supo trasmitirnos lo que, justamente, necesitamos para sentimos cada vez más peruanos.
José Carlos Mariátegui, llevó a cabo, como nadie, el examen espectral de la realidad peruana, en su totalidad, que pese a los años transcurridos sigue vigente en múltiples aspectos. Los tres autores mencionados son ahora figuras de relevancia universal. En cuanto a Luís E. Valcárcel, que fue mi profesor en San Marcos, es memorable, entre otros aspectos, por su franca y decidida admiración por la cultura y habitante andino y porque él fue el principal gestor para dar origen al Indigenismo en el Perú, en la tercera y cuarta década del siglo XX, con obras antropológicas, etnohistóricas, artísticas y literarias de primera magnitud. Lo que más recuerdo de Luís E. Valcárcel son sus libros Ruta cultural del Perú, Historia de la cultura antigua del Perú y sus Memorias. El ejerció mucha influencia, al igual que Raúl Porras Barrenechea, para mi formación científica en la etnohistoria. Les profeso un grato recuerdo.

Fuente: http://forjemos.blogspot.com/.../entrevista-waldemar...

El año 2007, con el historiador Waldemar Espinoza en la facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM, Escuela de Historia, recibiendo la entrevista del maestro Waldemar, realizada con el maestro y compañero Carlos De La Torre. 

miércoles, 25 de mayo de 2022

ENTREVISTA AL MARAVILLOSO PINTOR BRUNO PORTUGUEZ

ENTREVISTA AL MARAVILLOSO PINTOR BRUNO PORTUGUEZ



José Luis Ayala.

Bruno Portuguez expone en la Casa Real de la UNMSM, jirón Andahuaylas 348, cercado de Lima, desde 9 de mayo al 9 de junio. La exposición: Memoria del Bicentenario en América Latina, trata de 25 retratos al óleo, los personaje entre otros son: Rita Puma, Melgar, Túpac Catari, Lautaro, Martí, Maceo, Pancho Villa Benito Juárez, etc., etc. Es decir excepcionales seres humanos que pertenecen a la historia del Perú y América Latina. Nunca antes se tomó en cuenta el rol protagónico de estos personajes, cuyos rostros tienen una fascinante carga humana vital.

- ¿Para quién pintas?
- Pinto para mí, para cicatrizar una gran herida, una herida abierta y aún sangrante, es la herida infligida a los más humildes de mi país que viene desde muy atrás y que aún perdura en estos días. Pinto para ellos, para mi pueblo, para reivindicarlos de alguna manera a través de mi pintura. Y pinto, con el único interés de plasmar sus sueños, sus vidas y sus luchas. Es para mí un gran honor hacerlo y lo hago con el mayor cariño y elevación estética posible, en ello me doy entero, sin disfraz ni media tintas, con toda la dicha y la fuerza que aprendí de ellos y también de la vida.

- ¿Por qué has escogido estos personajes?
- Creo, sin temor a equivocarme, que son ellos los que me han escogido a mí, yo solo trato de cumplir a cabalidad con ese encargo, y pongo en ello mi sangre y mis conocimientos de pintor, Todos ellos son hombres y mujeres cuya vida y coraje enternecen y conmueven hasta las lágrimas, y exigen mantener viva sus memorias, su sangre no en vano derramada, seguir el ejemplo de su heroísmo y la gran entrega de su vida por ver libre y digno nuestro país y unida nuestra patria grande, es decir América.

- ¿Qué relación hay entre pintura y la historia?
- Es la misma relación que hay entre arte y vida. Es decir, sin historia no hay arte y sin arte, no hay historia. Desde los albores de la civilización, el arte ha servido de soporte a la historia, el arte rupestre es una muestra palpable de ello. Y, posteriormente, la historia se encargó de servir de soporte a los diferentes movimientos artístico que se fueron gestando en el tiempo. Esa es su relación y su reciprocidad.

- ¿Cómo contribuye tu pintura a la memoria social del Perú?
- La verdad es que no tengo pretensión alguna. Soy un pintor que trabaja con la mayor libertad posible, sin trabas de ninguna especie, mucho menos de los críticos o galerías comerciales del medio. Quizás sea mi atrevimiento el de pintar al pueblo y el de retratar de alguna manera a los hombres y mujeres que evitaron que nuestro país sea ensuciado y destrozado del todo por las diferentes mafias que lo asolaron y que hoy aún existen. Eso es tal vez mi mayor y mejor logro, si algo de mi pintura queda de ello, me doy por satisfecho.

- ¿Qué relación hay entre pintura e ideología?
- No hay pintura ni arte apolítico. La pintura es un medio y como tal responde a los intereses sociales de quién lo crea, contiene quiéralo o no, el interés de su creador que puede ser de aceptación o de rechazo al sistema social en que se vive. No es ajeno a esos intereses, hay una ligazón indeleble y firme, corresponde como tal a la ideología o posición social de su creador.

- ¿Cómo defines tu pintura?
- Como un torrente de afirmación, de vida y de amor incondicional hacia los más necesitados, los explotados los invisibilizados, los sin voz. Mi estilo es propio, de gran fuerza y expresividad, para ello utilizo un grueso empaste a veces con pincel ancho o brocha y otra, con espátula, tratando de impregnar en el lienzo toda mi emoción, mi temperamento y mi vida. Utilizo para ello, una línea fuerte y quebrada, producto de nuestra telúrica y agreste geografía. Cuando pinto no me detengo en pensar más que en mi propia opinión, eso es lo más importa, no miro trabajo ajeno, al final solo estoy yo, mis utensilios y mi visión creadora, tampoco involucro o culpo a nadie de mis fracasos, que siempre fueron los más, y voy en busca del color, de la luz, eso fue siempre mi gran preocupación, como también, hacer sentir lo que yo siento, que escuchen y vibren con mi voz, y sobre todo, que amen y vean lo que yo amo y veo. Esa es mi pintura, esa mi verdad.

- ¿Qué aconsejarías a un joven pintor?
-Tal vez lo que aprendí en la vida: honestidad, verdad, coraje y perseverancia. No esperar nada de nada, ni críticas ni aplausos, solo la confianza de uno mismo, eso es lo verdadero y real, la voz profunda y sincera de nuestro corazón. Al principio es muy duro, pero hay que continuar, atreverse a ser uno mismo, a buscar su propio camino, no temer al fracaso y menos al qué dirán y sobre todo, buscar el verdadero conocimiento que está en la vida y en todos aquellos maestros que se atrevieron a forjar su propio camino. Por último, no seguir huellas ajenas, tenemos una grandiosa historia y un hermoso país, casi virgen en expresiones plásticas, los emplazo a dar el segundo gran paso de un arte verdaderamente nacional, realista y popular.

- ¿A quiénes te falta pintar?
- La historia del Perú es un proceso permanente de redescubrimiento de nosotros mismos. Falta retratar a personaje invisivilizados por la historia oficial, sindicalistas, dirigentes mineros, etc., etc.
- ¿Hasta cuándo vas a pintar?
-Hasta cuando tenga vida. Mi padre pasó 70 años de su vida en su gran pasión: el mar. Él era pescador artesanal y murió tercamente en su oficio; yo espero sobrepasarlo en experiencia y si me visita la muerte la espero trabajando.
Larga vida al pintor del Perú cósmico, sideral y eterno.

Diario UNO. Lima, 22 de mayo del año 2022.

viernes, 20 de agosto de 2021

Arguedas y la cultura nacional por Wilfredo Kapsoli

 Arguedas y la cultura nacional[1]


 

Por Wilfredo Kapsoli

I

El contexto histórico-social

El Perú contemporáneo se ha caracterizado por una creciente transformación de su estructura económica y social. Una nación en formación, desarticulada económica y administrativamente, toleró el desarrollo de los poderes y cacicazgos locales y regionales. La figura del gamonal, de la servidumbre y de los indios han sido sus elementos más significativos y esenciales. Pero la gradual penetración capitalista en el campo ha cambiado el paisaje y a los personajes de nuestra sociedad. Los gringos, terratenientes o mineros, los asalariados y comerciantes se han impuesto en muchas regiones de nuestro país. Los indios y los mestizos tradicionalmente aferrados a la sierra y a la tierra han sido expulsados del campo. Las ciudades y las urbes costeñas son invadidas. Gigantescas oleadas migratorias transforman el casco urbano y generan el surgimiento de las barriadas.

Pero también la desocupación, el hambre, las protestas populares son fenómenos cotidianos y permanentes. Desilusión o afianzamiento de la conciencia político-popular son los rasgos distintivos de nuestra mentalidad contemporánea. Dentro de este contexto, Arguedas realizó su labor intelectual y literaria.

 

II

Arguedas y su producción intelectual

La producción intelectual de Arguedas es múltiple. Abordó con igual dominio y suficiencia temas de historia, antropología como de literatura. En un primer momento su preocupación fue únicamente por la población indígena. Habiendo vivido y compartido sus experiencias vitales quiso testimoniar y reflejarlos con la palabra escrita. Posteriormente, cuando su concepción ideológica se amplía y asume la herencia de José Carlos Mariátegui, se lanzó a escribir la vida y la idiosincrasia de todas las clases sociales del Perú. Así, su interés es por los mestizos, los obreros, los "mistis", los gringos, en una palabra: por la totalidad de peruanos o por el Perú integral.

 

1. Sus estudios antropológicos. Arguedas se graduó de Doctor en Antropología en la Universidad de San Marcos. La tesis que presentó fue sobre “Las comunidades de España y del Perú". Ejerció la docencia y una gran labor de divulgación y de defensa de la cultura nacional representada, fundamentalmente, por la cultura indígena. Un rubro importante de su creación y actividad intelectual fue precisamente el rescate del folklore y la historia indígena. Tradujo una versión quechua de "Los dioses y hombres de Huarochiri” del cual Arguedas dijo: “es un documento excepcional... el único texto quechua popular conocido de los siglos XVI-XVII. El único que ofrece un cuadro completo, coherente de la mitología, de los ritos y de la sociedad en una provincia del Perú antiguo". Es una especie de Popol Vuh peruano, una pequeña biblia regional que ilumina todo el campo de la historia prehispánica.

Ya sea desde su cargo de director de la Casa de la Cultura, como desde la prensa diaria, o las revistas especializadas, buscó preservar los mitos, las leyendas, los bailes y las canciones de los indios de la hacienda y de las comunidades. Y es que la penetración capitalista no solamente desplaza las economías regionales sino también impone su cultura e ideología. Una reciente recopilación bibliográfica bajo el título de "Señores e indios" es una evidencia elocuente de aquella entrega de Arguedas. Él decía: "el estudio de la cultura quechua es urgente y sus proyecciones se deben comprometer a toda la sociedad nacional". A la colonización cultural había que enfrentarla resguardando lo nacional, lo auténtico, lo popular. Textualmente Arguedas planteó: "en el caso de Latinoamérica se trata de demostrar la imposibilidad de que en la actualidad, poderes foráneos, cualquiera sea su origen, logren el avasallamiento cultural de sus principales núcleos indígenas a pesar de la dominación política y económica".

 

2. Su producción literaria. La labor intelectual de Arguedas adquiere en la narrativa, en la novela, su nivel y concreción universal. En su obra literaria supo integrar lo personal, autobiográfico, con lo local, regional y nacional. Logró plasmar y superar el indigenismo. Su especial, situación de haber vivido y sufrido con los indios le permitió representarlos con objetividad y realismo. Aun cuando étnicamente no fuera indio. Como lo ha señalado Antonio Cornejo Polar, nos ofrece una verdadera literatura indígena. Aquella creación que Mariátegui reclamaba años antes, cuando decía que la literatura en el Perú todavía era indigenista y no indígena. Arguedas en su famosa "confesión" en Arequipa contó los pasajes más importantes de su vida. Al referirse a sus primeros años, dijo: "'quedaron en mi persona dos cosas muy sólidamente desde que aprendí a hablar: la ternura y el amor sin límites de los indios, el amor que se tienen entre ellos mismos y que le tienen a la naturaleza, a las montañas, a los ríos, a las aves; y el odio que tienen a quienes, casi inconscientemente y como una especie de mandato supremo, les hacían padecer". Este mundo era distorsionado o groseramente morigerado. Incluso escritores como Enrique López Albújar o Ventura García Calderón no conocían ni comprendían lo esencial de la cultura india. Por ello Arguedas se propuso escribir tal cual es, "porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido". El proyecto de Arguedas maduró y alcanzó logros cada vez más notorios y universales. Sus personajes fueron los indios de hacienda, de comunidad, los mistis o gamonales y geográficamente se ocupó de la aldea, de la provincia y hasta del territorio nacional. Su argumentación permanente fue contradicción de personas, clases, regiones y sistemas económicos. Veamos este recorrido del proyecto nacional popular de José Maña Arguedas:

En Agua (1935), su primera producción literaria, recrea la vida de una aldea y los conflictos entre el gamonal y los indios. La aldea es San Juan de Lucanas y la hacienda Viseca. Pero, al mismo tiempo, en Agua aparece "la decisión del protagonista (Arguedas) de incorporarse profundamente al mundo indio y la correlativa voluntad de abandonar el propio".

Al referirse a Yawar Fiesta (1941), su segunda novela, Arguedas dijo: "señores, describí el poder del pueblo indígena. El verdadero personaje de esta novela es la masa indígena que destruye el mito que está representado por el toro, el Misitu. Cuando el pueblo indígena quiere mostrar su valor ante la gente que lo desprecia, que son los señores, incluso mata a un dios; que es el Misitu, e incluso está dispuesto a matar a sus dioses para demostrar que son gente que tienen valor". El escenario de Yawar Fiesta es Puquio, capital de los Andes y muestra la contradicción entre el universo de la costa y de la sierra. Su función e importancia es grande en cuanto tienen un valor testimonial y de índole histórico-social. Presagia, a decir de Cornejo Polar, la creación de Todas las sangres. Su tercera novela, Los ríos profundos (1958), marca una nueva etapa en el pensamiento de Arguedas. Así lo considera Tomás Escajadillo cuando dice: "no se trata solamente de un proceso de madurez de un escritor, de un natural afinamiento de sus medios expresivos, en suma, de una mayor calidad y jerarquía... Hay algo más y son los nuevos elementos y factores que significan un alejamiento o una superación del indigenismo ortodoxo". La trama de la novela, según el mismo Arguedas, "es la sublevación de los indios de hacienda por una causa de orden mágico: ellos están atacados por el tifus y se difunde la idea de que la ‘madre’ del tifus que es un animal, no podrá morir, sino en virtud de una misa que el santo padre de Abancay dijera, para lo cual tienen que tomar la ciudad y enfrentarse a las fuerzas represivas, hasta lograr su ansiada misa mágica". Esta obra presenta en forma de ficción fenómenos de la misma lucha campesina que se hicieron intensos en los años siguientes. El escenario de la obra es el Cuzco y Abancay, es decir, capitales, ya no de provincias sino de departamentos.

En la misma dirección y sentido Arguedas explicó la tesis central de su novela Todas las sangres (1964.): "El Perú se está debatiendo entre dos tendencias. ¿Qué es mejor para el hombre, cómo progresa más el hombre, mediante la competencia individual, el incentivo de ser uno más poderoso que todos los demás o mediante la cooperación fraternal de todos los hombres que es la que practican los indios? El contexto de la novela discurre en todo el ámbito nacional y compromete a todas las clases sociales”.

Hasta aquí, hay en Arguedas una constante superación; pero todavía podría quedar en el populismo, si tenemos en consideración sus propias declaraciones doctrinarias que guían su producción literaria: "que el individualismo agresivo no es el que va a impulsar bien a la humanidad sino que la va a destruir; es la fraternidad humana la que hará posible la grandeza no solamente del Perú sino de la humanidad. Y esa es la que practican los indios y la practican con un orden, con un sistema, con una tradición".

Pero Arguedas avanzó más. Se declaró heredero ideológico de José Carlos Mariátegui y reconoció la profunda influencia que le causaron la revista Amauta y su director. La huella del Amauta en Arguedas es profunda al punto de que en él se produce una verdadera situación consustancial entre la vida y la ideología. Su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo es el mejor testimonio político literario que nos ha podido dejar.

A los nueve años de su trágica desaparición José María Arguedas sigue vivo en el corazón de su pueblo. Los indios y lacayos con quienes tembló de frío en los regadíos nocturnos y bailó en los carnavales, borracho de alegría, al compás de la tinya y la flauta, lo siguen recordando y lo conservarán de generación en generación, eternamente.

 

Bibliografía básica

1.       Revista Peruana de Cultura N° 13 y 14 (Homenaje a José María Arguedas. Lima, I. N. C. 1970).

2.       José María Arguedas, Señores e indios. Buenos Aires, Ed. Calicanto (recopilación de artículos acerca de la cultura quechua realizada por Ángel Rama).

3.       Francisco Ávila, Dioses y hombres de Huarochirí, narración quechua, traducida al castellano por José María Arguedas. Lima, I.E.P. 1966.

La cultura popular en J.M. Arguedas. Lima, 1978. Recopilación del grupo Tarea N° 26 y 27.



[1] Kapsoli, Wilfredo: “Arguedas y la cultura nacional”, Marka, N° 104, 4-I-1979, pp. 35-36.

Entrevista a Sybila Arredondo: El Arguedas profundo y desconocido

Entrevista a Sybila Arredondo[1]

 El Arguedas profundo y desconocido

 


Por Enrique Sánchez Hernani

Los últimos años de José María Arguedas estuvieron firmemente unidos a los de Sybila Arredondo, su esposa chilena, que fue una testigo de privilegio de los últimos años del quehacer humano e intelectual de nuestro escritor. Tras su desaparición, y luego de los muchos años transcurridos, Sybila concede a El Dominical una gran entrevista sobre Arguedas, lo que nos ofrece un retrato excepcional y desconocido del novelista, clave para percatarnos de su fina sensibilidad de hombre y literato.

Sybila, ¿cómo y dónde conoció a José María Arguedas?

Quizá lo vi por primera vez donde yo trabajaba en esos años, en la librería-editorial de la Universidad de Chile. Pero lo "descubrí" cuando lo oí cantar a capela en casa de Pablo Neruda, quien ofrecía un almuerzo a escritores latinoamericanos que habían asistido a un encuentro, en 1962, organizado en la Universidad de Concepción –al sur de Chile– por el poeta Gonzalo Rojas.  

¿Dónde se realizó aquel almuerzo, lo recuerda?

Fue al aire libre en su casa "La Chascona", al pie del Cerro San Cristóbal de Santiago. Era una mesa larga, rústica, armada con caballetes, en un jardín muy agradable de árboles añosos que daban sombra, lo que combinaba bien con la alegría que daba el sol.

¿Qué es lo que le llamó la atención de él?

Le escuché canciones en quechua, de "su repertorio", entre ellas el Carnaval de Tambobamba y Alverjas Saruy, que años más tarde grabó para la Editorial Universitaria, en Santiago.

¿Quién se lo presentó, en qué circunstancias?

No hubo necesidad de que nos presentarán "oficialmente". La vida nos presentó.

¿En los inicios de su relación José María era muy tímido?

Como éramos personas "relativamente" maduras, partimos del suceder del mundo, de esas buenas condiciones existentes. No recuerdo timidez en él, más bien curiosidad amistosa; y de mi parte, interés en lo que escribía. Ya me había conseguido en los anaqueles de una librería el único título que teníamos de José María, Los ríos profundos.

Arguedas iba mucho por Chile, ¿no?

Solía ir a Chile porque ya tenía amigos allí; lo invitaban para reuniones, a dar conferencias sobre antropología, etnología. En algún momento, parte de Todas las sangres la escribió en Chile; si mal no recuerdo, en el Instituto de Literatura Chilena, donde en esa época trabajaba Pedro Lastra.

¿José María le cantaba? ¿Le hablaba?

Creo que lo que más nos unía era la conversación. Como la librería se encuentra en pleno centro, cada vez que visitaba Santiago, él pasaba por allí a conversar. En uno de sus viajes me regaló su libro Agua, con una dedicatoria un poco fulminante: "Con amor". Yo dudé porque concibo el amor como un sentimiento amplio, pero los hechos fueron soldando ese cariño, que podía haberse quedado en una excelente amistad. Quizá él mismo se "aventó" –como dicen los peruanos– con un sentimiento que ni él medía bien en ese momento.

¿Cuál era la manera que él tenía de cortejarla? ¿Por cuánto tiempo duró el cortejo?

No lo recuerdo como "cortejante"; nos íbamos por asuntos trascendentales. Al final, cuando la marea subió, por uno lleno de vaivenes. Yo sentía responsabilidad en cuanto a que su obra, sus trabajos, estaban constituidos o preñados de la materia viva, la vida de su pueblo. Era su mundo. En cambio, lo que yo hacía podía realizarse tanto en mi tierra como en la suya.


LA LLEGADA AL PERÚ

¿Qué fue lo más difícil de decidir venirse a Lima con José María? ¿Cómo la convenció él a dar ese paso?

José María me advertía con frecuencia que la sociedad peruana era terrible. Yo viajé a Lima antes de tomar una decisión y, como una confirmación de esto, me tocó vivir la situación de aquel partido de fútbol, en la década de 1960 si mal no recuerdo, en que murieron muchas personas asfixiadas, cuando la policía lanzó gases lacrimógenos en el estadio en que se realizaba un partido de fútbol, sin medir las consecuencias tremendas que tenía ese acto. Pero pensé que ese hecho también era factible que sucediera en Chile.

¿Cómo realizó el viaje al Perú? Sé que se vino con sus dos hijos...

Nos fuimos en barco al Perú, con mis hijos y algunas "camas y petacas". Fue un bonito viaje, no muy largo. Aún andan fotos por ahí, en que se nos ve gozar del mar y el viento. José María nos esperaba en el Callao.

¿Pasaron algunas peripecias entonces? ¿Podría contarlas?

Anécdotas hay muchas. Por ejemplo, en la Aduana del Callao los agentes querían cobrarnos derechos para entrar nuestras "camas y petacas", que eran las que teníamos de uso cotidiano en Santiago.     A mí me dio mucha ira y no se me ocurrió defenderme más que poniendo entre la espada y la pared al agente –en realidad él había medido el volumen del container, de madera, que probablemente lo había impresionado– y radicalmente le propuse: "Bueno, si usted me cobra derechos de aduana, puede botar todo esto al mar. Todo es de uso personal; todo está usado y no se va a comerciar". Él ordenó abrir un tablón del armatoste y cuando el carpintero lo desclavó y empujó, salió una especie de géiser de polvo. Con el viaje, nuestro viejo sillón había sido tan removido y sacudido que ese polvo, de años, de su cuerpo ancho, forrado y generoso, salió disparado a defendernos. El agente gritó aceleradamente: "¡Cierre eso, me asfixio!".

¿Dónde fueron a vivir cuando llegan a Lima?

A Pueblo Libre, a un pequeño departamento en que nos acomodamos bien los cuatro. Nuestro viejo sofá era el mueble más importante y acogedor, una vez que le acomodamos una nueva piel; aún vive.

¿Cómo fue la vida en común los primeros años?

Para mí la vida en común no implicó muchos cambios. Era necesario conocer, observar, adecuarse a la nueva situación en un país diferente, pero no tanto. Buscar trabajo, colegios, aprender la ciudad, la moneda, las comidas, usos y costumbres. Cuando se es joven, todo es más fácil y hay que partir de lo positivo y ver cómo paliar lo que es negativo. La consigna venía a ser: no temer, confiar en José María y solucionar los problemas nuevos. A los pocos días apareció él con Berta, de Lincha, para ayudarnos en las tareas cotidianas. ¡Todo era tan nuevo! La eligió porque era quechuahablante –más tarde ella gentilmente sirvió de informante al lingüista Alfredo Torero, para el estudio del quechua de su zona–. Era otro mundo, otro vocabulario, otra cocina, otros alimentos, otras jerarquías sociales.

¿Cómo se comportaron sus hijos frente a José María?

Carolina y Sebastián, mis hijos, deben recordar su frase que con tanto agrado celebró José María: "Viene a buscarte un caballero negro". Se trataba de un buen cantante moreno de música huancaína, "El Gavilán Negro". A nosotros nos sonaba perfectamente formal y clara la expresión. Pero en Lima aún no se usaba. Otra anécdota: les pedimos a mis hijos, recién llegados, ir a la bodega de la esquina a comprar. Retornaron pronto, y no recuerdo cuál de ellos dijo: "No pudimos comprar porque el señor que atiende sólo habla quechua". Algo intrigado de que esto sucediera en Pueblo Libre, José María salió con ellos a averiguar qué pasaba. El dueño de la bodega resultó ser japonés y hablaba muy mal el castellano. Los chicos hicieron su interpretación del hecho de acuerdo con su información teórica sobre las lenguas del Perú.


LA VIDA SOCIAL

¿A qué amigos de José María conoció primero, ya llegada a Lima?

José María tenía buenos amigos. No recuerdo a quiénes conocí primero. Quizá fuera a José Matos Mar y a su esposa, la señora Rosalía.

¿Hacían reuniones? ¿Usted lo acompañaba a otros lugares? ¿Cómo se portaba José María entonces?

En su casa se reunían muchos intelectuales, especialmente antropólogos. Allí debieron estar varios: Abelardo Oquendo y su esposa, Godi Szyszlo y Blanca Varela, Ramiro Matos y su señora, Federico Schwalb y su esposa chilena, la señora Chepa. Después los conocí más, ya uno por uno. Recuerdo mucho a Emilio Choy; solíamos ir a comer con él a un chifa de la calle Capón. José María le tenía una gran estima como amigo y como estudioso. Otra familia a la que queríamos mucho era a la de Emilio Adolfo Westphalen, su esposa Judith, muy buena pintora, creo que nacida en Piura; por esa época recuerdo que usaba hermosamente la técnica del batik. Y a sus hijas Inés y Silvia, niñas aún por aquel tiempo.

Cuánta gente interesante.

También estaban los libreros como Juan Mejía Baca, Francisco Moncloa, el mismo Federico Schwalb. Antes de ir a vivir a Lima conocí a su tía Rosa Pozo, tía y buena amiga de José María, con quien solía compartir sus penas; se quejaba él de que su relación de confianza y cariño ya no podía llevarla como antes porque le habían regalado a ella un televisor y le gustaron tanto las telenovelas que a él lo había pasado a segundo plano.

¿Y por parte de la familia?

Compartíamos con Nelly, su hermana, y toda su familia; con Arístides, uno de sus hermanos, que vivía en Surco, y su familia; Máximo Damián e Isabel y sus tres hijos; Jaime Guardia y Lidia, cuando sus hijos eran pequeñitos; Racila Ramírez y toda esa numerosa y querida familia Ferrel; el padre de José María y la mamá de Racila fueron compadres en Puquio. En fin, podría seguir pero la memoria a través del tiempo ilumina dispareja el transcurso de la vida.

¿A qué lugares la llevó Arguedas para que viera el Perú cotidiano?

Cuando llegamos, una de las primeras visitas que hicimos fue a La Parada, más exactamente a una plaza principal de La Victoria (El Porvenir), donde se celebraban las Fiestas Patrias con una feria muy grande. En esa época y en esos días, se producía allí un desborde de artesanos, comerciantes y productores que traían sus trabajos y mercaderías de todo el país, o se concentraban en esta plaza productores emigrados a Lima desde la sierra, la selva, de diversas regiones, que tenían una oportunidad de vender obras hechas por ellos, que con frecuencia venían a complementar económicamente su trabajo de asalariados en construcción, en mercados, en guardianías, etcétera. ¡Qué maravilla! Era una ola de arte. Voces de Huancayo, Satipo, Ayacucho, Cuzco, Cajamarca; rostros de viejos, mujeres, jóvenes y pequeños de distintas zonas del país.

 

MIRANDO AL ESCRITOR

En esos primeros años, ¿qué estaba escribiendo José María?

José María acababa de publicar Todas las sangres, que ya había levantado polvo de polémicas. Más tarde, sobre eso, me comentaba: "¿Cómo pueden decir que Demetrio Rendón Willka es un personaje ficticio? ¡Si yo lo conozco!". Me lo nombró y más tarde, en alguna reunión pública, donde recuerdo haber asistido con Rosina Valcárcel, yo también lo conocí. Su vida había trasncurrido ¡vaya usted a saber cómo! Había tenido la ocasión de viajar a la Unión Soviética y en alguna festividad llegó a departir con Yuri Gagarin, el primer cosmonauta, menudo y sonriente.

¿Arguedas le dejaba ver lo que iba escribiendo? ¿Dónde lo hacía, cómo?

Escribía con frecuencia, tomaba apuntes –como un dibujante que recoge esbozos– en algunas situaciones especiales que quería recordar, en cualquier papelito. De eso concretaba artículos, comentarios sobre diversos temas. Trabajaba en cuestiones de acuerdo con simposios o congresos a los que era invitado. Sí, le apoyaba yo, situación que después me sirve para concretar las Obras Completas, que "por gracia de los diablos" aún se encuentra "en prensa", desde el siglo pasado. Editorial Horizonte tuvo la valentía y el apoyo internacional para publicar los cinco primeros tomos en la década de 1980. La recopilación de los siguientes, terminada en la década de 1990 aproximadamente, sigue en proceso de "estar en prensa".

 ¿Tenía horarios para escribir?

No tenía horario para escribir. A veces cogía sus papelitos y proseguía llenando cuartillas. Recuerdo el proceso de traducción de Dioses y hombres de Huarochirí y más tarde El zorro de arriba y el zorro de abajo; ambos constituyeron una labor larga, tanto de ciencia como de creación.

 ¿Escribía a mano o a máquina?

Por esa época incorpora el uso de la máquina de escribir, a la que era un tanto reacio. Para la traducción, recuerdo que consultaba mucho con Alfredo Torero; coincidían también en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Agraria, junto con Javier Sologuren, Alberto Ratto, Francisco Carrillo.

 ¿Alguien más le ayudaba en esa tarea?

Para apoyarnos económicamente –él debía pasar una especie de pensión a la señora Celia Bustamante, su primera esposa, y yo estaba con mis dos hijos–, en un comienzo entré a trabajar a la librería y editorial de Francisco Moncloa y Humberto Damonte. José María trabajaba en el Museo de Historia y allí consigue, como había sido antes en la Casa de la Cultura, el apoyo desinteresado y gustoso de algunas secretarias que lo ayudan en la mecanografía, situación frecuente, porque era apasionante participar en el nacimiento de su obra, fuera en sus artículos, sus novelas, investigaciones o informes.

 ¿Quiénes diría usted que eran sus mejores amigos del ambiente de la literatura?

¿Quiénes? Alberto Escobar, Emilio Adolfo Westphalen, Emilio Choy, Alfredo Torero, Racila Ramírez, Máximo Damián, Francisco Carrillo, Francisco Miró Quesada, Fernando Silva Santisteban, Mildred Merino. Amigos anteriores de haberlo conocido yo, puedo nombrar a Manuel Moreno Jimeno, Moisés Sáenz, el Dr. Gastiaburú, Walter Peñaloza, Héctor Araujo, porque siempre los nombraba o los recordaba con mucho afecto o cariño. De su juventud en Huancayo, alcancé a conocer, en el barrio de El Tambo, al Sr. Efraín Rojas. Posiblemente yo omita nombres porque recordaba a personas de cada lugar en que había vivido y de épocas diferentes de su vida. Amigos músicos eran: Jaime Guardia y los otros componentes de la "Lira Pausina", Jacinto Pebe y el Chino Nakayama; Enrique Iturriaga, Rosa Alarco, María Rosa Salas. Y sus alumnos: Alejandro Ortiz, Toño Cisneros, Hernando Núñez, Rodrigo Montoya, Edmundo Murrugarra.

¿Qué le conversaba José María del ambiente literario peruano de esa época? ¿Se molestaba, se alegraba de algo?

No éramos de comentar mucho la vida ajena y en cuanto a sus opiniones literarias u otras sobre tópicos parecidos, están expuestas con mucha sinceridad en sus artículos y diversos trabajos. Todo eso va en los próximos cinco o seis tomos de las Obras Completas que están listas para publicarse. Hay múltiples estudios sobre la obra de José María, y los especialistas de literatura, sociología, antropología o etnología, principalmente, reclaman ese material para profundizar más en Arguedas y el Perú; desconocerlo es como si se mirara sólo unas pocas caras de un poliedro o una única cara de la Luna.

¿A qué escritores respetaba más?

En El zorro de arriba y el zorro de abajo hace una pequeña disquisición sobre algunos escritores de esos años. Admiraba mucho a Juan Rulfo y esa relación era mutua; también a Guimaraes Rosa, de Brasil. Cuando llegué, en 1965, me pidió que leyera a Mariátegui, González Prada, Cieza de León. Él leía pero sin ansiedad; consultaba textos según la necesidad de sus trabajos. Leyó con gusto Cien años de soledad. Seguía lo que publicaba Oswaldo Reynoso, entre los jóvenes; quizá había sido su alumno en La Cantuta o sus temas le parecían pertinentes. Le inquietaba la suerte de la juventud en el país.


UN RETRATO ÍNTIMO

Muchos creen que José María era un hombre muy melancólico. ¿Qué tanto así? ¿Quiénes lo alegraban?

José María tenía una seriedad de alma y una alegría de espíritu. Orgánicamente sufría de una atracción hacia la muerte, sin embargo de joven –contaba él– fue campeón escolar de salto largo.

¿Qué lo alegraba?

Relataba alborozado un paseo en el campo realizado con Manuel Moreno. Debían atravesar un charco de agua y él, alegremente, dio un salto y llegó al otro lado; pero Manuel, también ilusionado, hizo lo mismo y cayó en medio del charco. Pero eso no le quitaba el recuerdo de contento y optimismo que recogió de esos paseos. Con mis hijos salíamos con frecuencia remontando el Rímac, o caminando por Bujama, León Dormido, por el Callejón de Huaylas en nuestro carrito. Subía los cerros o las rocas con delicia, al contacto con la naturaleza desafiaban con frecuencia hasta la gravedad. No era melancólico, traía dolor y felicidad de su infancia: "A los comuneros y lacayos, con quienes temblé de frío en los regadíos nocturnos y bailé en carnavales, borracho de alegría.". Era número uno en lanzar wikuyo, y piedras ¡a quién más lejos!

¿Cuál era su diversión más frecuente? ¿Tiene anécdotas? Cuéntelas, por favor.

Asistía, en Lima, a las fiestas patronales de los pueblos, especialmente de los pueblos de la zona de Lucanas. No teníamos televisión; de vez en cuando íbamos al cine, solamente cuando pensábamos que valía la pena. La parte que le gustó más de Un hombre y una mujer, de Truffaut, fue la toma del perrito saltando y corriendo junto al mar por una playa solitaria. Ponía talento y placer en contar chistes, mejor si eran en quechua. A veces yo sentía o pensaba que era una hermosa máscara social, pero era parte de su alma literaria.

¿Recuerda alguno particularmente?

Uno de sus últimos artículos fue un pequeño trabajo sobre las competencias de insultos en la sierra. Hay sarcasmo, ironía, burla con un trasfondo de análisis de la expresión de cierta lidia que suele darse en cuestiones de desafío poético. Con Jaime Guardia se informaba de ese asunto, para agrado de ambos.

Se ha hablado mucho de la relación del Ande con José María. En términos personales, ¿cómo llevaba él esa relación?

La relación con el Ande o los Andes o la sierra o Ayacucho o Lucanas es asunto obvio pero complejo, partiendo de la lengua, el quechua, y de las contradicciones que tiene que sufrir y resolver desde la infancia. "No por las puras" –su expresión– envía una carta a un amigo, que termina: " S. [lo dice por mí] formidable y cada día más cholificada". Esto quería decir, en setiembre de 1968, que yo estaba embebiéndome de ese aire tan especial que se siente, se capta, se escucha, se aprende en contacto con la tierra, su gente, su canto, su danza, su música, sus goces y sus sufrimientos.

¿Extrañaba mucho Ayacucho o alguna otra provincia peruana?

José María extrañaba y temía esa relación tan visceral con la sierra. Subir a Yauyos, caminar buscando quechuahablantes en Cajamarca, seguir la danza de un toril en la sierra rimense, celebrar un encuentro con mineros del tungsteno en una fiesta con música de la banda del pueblo más cercano, era alegría, felicidad pero también responsabilidad. "El mundo de abajo", Chimbote, fue un desafío o el encuentro con un "margen de silencio a gritos", un segundo mural intenso a iluminar –el primero fue Yawar fiesta– para dibujarlo dificultosamente con la lengua hirviente del lugar.

 

ANTES DEL FINAL

¿Usted notó que se iba poniendo triste con el transcurrir del tiempo? ¿Vio algún cambio en él ya para llegar a sus últimos años?

No era tristeza lo que expresaba con el transcurrir del tiempo. ¿Sería atracción por la muerte, la nada? ¿Era lo que ahora especifican como 'depresión'? A veces pienso que la mucha vida, muy intensa, llevaba a José María a algo así como a un abrumamiento cósmico, ¿o le faltaba una gotita de algo?, ¿un agua aún no descubierta, quizá?

¿Qué cree que desencadenó las circunstancias de su desaparición?

¿Qué desencadenó el suicidio? Llamémosle cansancio cósmico. ¿Serían acaso contradicciones que no pudo resolver? No lo sé.

¿Qué le contaba entonces? ¿Qué le preocupaba?

Compartíamos el trabajo de revisión de El zorro. Nos fuimos a Lunahuaná, nos prestaron un escritorio junto a la iglesia del pueblo y lo revisamos de punta a punta, salvo los "Trozos seleccionados. ¿Último diario?", para dejarlo preparado para la edición. Era vivir y morir; era vida y literatura; era nacimiento y desaparición, pero yo no concebía en ese momento, en los hechos, ese torbellino. Trabajó intensamente hasta el final para dejar testimonio, romper el silencio y compartir la vida y la muerte. En noviembre de 1969 le mandó una tarjeta a Pedro Lastra, amigo entrañable, donde escribió: "Envía una copia de los dos documentos (...) y no me olviden ¡recuérdenme con alegría! Fui feliz. J. M.".


[1] http://elcomercio.pe/EdicionImpresa/Html/2007-05-29/ImEcDominical0729906.html